Riobamba

 

14 de Febrero de 2004. La placa roja revienta los tímpanos del Hitachi 14 pulgadas en la estación de servicio de Entre Rios y Humberto Primo: “Reiteramos / Primicia / Así fue la detención del líder de Damas Gratis”

“Los ratis me reconocieron y cuando vinieron a casa me encontraron algunas cositas. Yo estoy bastante limpio, pero a veces los pibes de la banda están muchos días de gira, por ahí se olvidaron algo en el piso. ¿Y qué? ‘Quieren bajarme y no saben cómo hacer porque este pibito no va a correr. Por eso…” Se corta el audio. “8 horas, 50 minutos”, de repente, una voz del control de transmisión interrumpe el testimonio de Pablo Lezcano: “8 horas, 50 minutos”. Nadie entendió el final de la frase que el dueño del pabellón de la cumbia, desde su estudio de grabación de San Fernando,  le dirigía a sus fans. Cada 15 minutos, Elvira Bustos, una de sus locutoras insignias, daba la hora y la temperatura suspendiendo por segundos cualquier tipo de transmisión. Porque sí. Al momento de presentar la segunda parte de la entrevista, “Convenio” (2001-2015) el perro que los trabajadores del Canal adoptaron de la calle durante un paro, cortó el copete del presentador ladrándole a una gotera en el estudio. Todo en Riobamba 280, el primer domicilio del canal de la sangre. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Porque Crónica vive en el blooper que no sé dice.

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JOSÉ

Riobamba tenía un bar, una barra con una panchera quemada y un par de snacks vencidos que supo contener las quejas de la momia blanca con la boca manchada de café por un quilombo de aportes con la hija de Karadagián, a Zulma Lobato en conchero tomando una copa de Sidra mientras aguarda al productor de Anabella, al astrólogo Alejandro Holst acomodando su corbata verde mientras repasaba la dieta de la luna, a Joaquín Levinton con campera metalizada 72 horas después de la última vez que pudo dormir y hasta a Tarja Turunen, cantante de la banda de metal sinfónico Nighwish, a quien le quisieron cobrar en 2011 un pebete $ 50.

Abierto las 24 horas, como el canal, era atendido por Jose, su dueño judío, su esposa, una mujer que decidió pegar posters de Rafael Nadal a lo largo de toda la pared del local y un tucumano que no era tucumano. En él bar los alegres no podían opinar. Eran recibidos como tipos a los que todavía no les había llegado la hora de lo irreversible. Pero también el bar era un lugar ideal para recordar la edad de oro. Ese momento en donde las comisarias llamaban al canal para saber dónde dirigir los patrulleros y la competencia se arrodillaba en maíz con un cuaderno “Gloria” en la mano para aprender periodismo.  José solía empatar los mejores años de Crónica con sus mejores momentos, o al menos sus mejores ventas.

José no fue productor, ni director, ni sonidista, ni camarógrafo ni editor pero conocía las internas, las penas, las fechas de las vacaciones, las acrobacias de los sectores para evitar los francos trabajados y el destino de los móviles mucho antes que el resto, en su fiambrera habitaban las historias que él no cubrió pero sabía de memoria y se adjudicaba como propias: “AMIA fue durísimo, me quede sin mercadería a mitad de mañana”, “Cromagnon fue un infierno, tuve que llamar a mi hija para que me ayude a atender”. La medida de la tragedia era el stock del bar.

Los ojos de José tenían pesadillas privadas, detrás de las pitadas que ocultaba con el humo de los panchos para huir de las cámaras de seguridad del pasillo, se podía distinguir como los monstruos caían de sus ojos a los pocillos de café recién lavados.  A Pocho la Pantera le preparó un tostado de miga con una gaseosa light y le cobro la mitad. Algo andaba mal.

Los teléfonos internos que lo llamaban y le anexaban tartas, milanesas, puchos, infusiones, gaseosas, mapas geopolíticos y hojas de calcar a los pedidos empezaron a marcar el 9 para llamar afuera, algunos compraron su propia pava, mientras agachaban la cabeza cuando el ruido de su bandeja se percibía en las esquinas. La carpeta llena de hojas Rivadavia cuadriculada con las cuentas encolumnadas de lo que iba del mes y en donde José resolvía sus problemas con la AFIP eran cada vez más delgadas, como José.

José cada vez tenía menos.
José cada vez vendía menos.

José estaba muriendo. Como su bar. Y de repente se despegaron unos stickers de la pared de las papas fritas y no hizo nada, y de repente nadie cambio una de las lámparas dicroicas que se quemó dejando al mostrador en penumbra, y de repente a una de las banquetas se le rompió la pata. Y no hubo repuesto, porque ya no habia resto.

Una mañana de junio, una máquina de snacks e infusiones varias llegó al entrepiso y fue cortejada con honores de jefe de Estado. Todos admiraban su precisión, su falsa modestia, su capacidad para callar, su tacto para no devaluar, su rapidez inhumana, su fascinación por no entrometerse ni interpelar las caras de culo. Las tazas de José perdían la batalla contra los vasos de plástico y a todo el mundo le cerraba la novedad.

José murió en agosto. Su bar cerró tres meses después.
Desde ese día, la maquina empezó a comer billetes.
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TURCO

  1. El programa de Anabella Ascar termina con su perra Dominga echada en los pies de la conductora, el hombre que denuncia que tiene un chip en la cabeza preguntando por tercera vez donde está el baño y amigacho, personaje que no puede pronunciar la S por volverse vegano, pidiendo “lo suyo” en el pasillo. En la puerta del estudio aguarda Jorge Asis para hacer “Poder Vacante”, el programa que la señal emite después del segmento más visto y el sorteo de las loterías: hoy recibe a Carlos Menem. Pronto el vehículo del ex presidente se estacionará en la puerta de Riobamba 280 rodeado de 2 patovicas y 4 custodios. Al cruzar el pasillo, se abrazan con firmeza.

Asis, que se se convirtió en una voz de consulta inexorable ante los alaridos intelectuales de baja intensidad de los últimos años, estaba en otro avión, ese que llega antes porque no lleva bultos, traslada conceptos. Tiene el mentón de esos tipos que abren ventanillas donde el resto ve un baño clausurado. “Para ser peronista sólo basta con decir que sos peronista. Nadie puede decirte que no lo sos”. Asis lo mira al expresidente e interpreta al peronismo como aquella polea de transmisión que conduce a la suite del dominio. Menem sonríe como remate. Asis lo sigue. Tal vez esa risa cómplice involuntaría describa comodidad, tal vez gestión. Menem lo rescató del aplazo de Clarín. El pupilo no olvida ni desparrama vinagre sobre su gobierno, le extiende una toalla limpia. Ahora Asís lo resucita elevándolo a la categoría de disertante sin pasado.

Continúan. “El peronismo es la ideología del poder inevitable, el peronismo es ganar,  el kirchnerismo es la prueba que desde el poder se puede llegar al delito pero también que desde el delito se puede llegar al poder, es lo que lucra para la corona, es lo que convierte a una idea en un sistema recaudatorio de acumulación,  es el epílogo de la revolución imaginaria, es lo que siempre se impone y lo que ya no fluye”. Enumeran anécdotas omitiendo desastres, dividen al peronismo orgánico del kirchnerismo todopoderoso y mantienen una charla sin cortes comerciales y con niveles de culpa similares a una disertación de dos suizos sobre el calentamiento climático.

 

21:30. Pasa. Sorteo del Quini 6. Menem y Asis aguardan 15 minutos en la sombra a la espera de la emisión de un sorteo que duplica en rating al intercambio turco. Sale el Quini Tradicional. Menem pide ir al baño. Sale la segunda, el Quini revancha, Asis se acomoda la corbata verde esmeralda. Sortean el Siempre Sale. Menem vuelve del baño. Sale el Pozo Extra. “Venimos”, se escucha por la cucaracha. ¿Cómo continuar una charla sobre peronismo atravesada por el azar? “¿En que estábamos?, pregunta Asis. Ah, sí, en la autocrítica. Cuando no hay movilidad social, a veces la corrupción es el único método inexorable para el escalamiento. ¿Qué otra manera de ascender hay?

  • Ganarse el Quini, sentencia Menem.

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DIOS

Placa Negra. Solo números.
16:40
Matar lo que no se puede matar.
16:41
El pueblo espera en silencio que alguien le diga que no es cierto.
16.42.
No hay nada más arriba que esos números.
16.43

Un reloj de números blancos con fondo oscuro y sin música se extendió durante 3 minutos.

La primicia que Javier Diaz, cronista estrella que después regreso como director de Noticias, dio sobre la sobredosis de Diego Maradona en Uruguay después que Coppola jure que era hipertensión y  la propia familia, allegados y cuerpo médico lo hayan negado, era un precipicio imposible de atajar.  Nunca había sido tan terrible tener razón.

La sobredosis era cierta.
El infarto era cierto.
El vacío era cierto.
Vacío de Dios.       

Y de repente, el hombre sin tiempo se quedaba sin tiempo.
Alguien pintó una tela apresurada una tela que decía DIEGO VIVE y la colgó en la reja que separa la Plaza de Mayo de la Casa de Gobierno.  Dije alguien pero quise decir todos.

Nunca un mediodía duro tanto.  A las horas volvimos a tener pulso de nuevo, llegaron los partes médicos,  los rostros que hacían gestos a las cámaras, el testimonio de Claudia Villafañe para terminar con los rumores, los especialistas que salían por la radio para decir que el miedo de la muerte ajena espanta porque nos enfrenta al fantasma de la muerte propia, los homenajes de los canales de deportes a todas sus camisetas, los compactos de sus 589 goles y  las cadenas de oración en Nápoles con el zócalo: Fuerza Diego.

Las placas de Crónica mataron a todos los actores de la obra. Desde el gobernador de San Juan José Luis Gioja hasta a Pepino el Payaso, el personaje de titanes en el ring que se enteró de su muerte mientras comía spaghetti con su mujer (Luego salió al aire para decir “estoy vivo”) pero no pueden titular la falta de Dios.  La filosofía pudo matar a Dios. El periodismo no.

ROJO

El suicidio del empresario Alfredo Yabrán, el de Leonardo Simons y el de René Favaloro. La renuncia de Cavallo como ministro de Economía de Menem. La salida de Guillermo Coppola de la cárcel y el doping de Diego Maradona en Punta del Este. La explosión en Rio Tercero (Córdoba). La muerte de Carlos Menem (hijo). El nacimiento del tercer hijo de Marcelo Tinelli. La grave enfermedad de Sandro. El caso Carrasco, que motivó el fin del servicio militar obligatorio. El repudio a Mario Firmenich en una marcha en conmemoración de los 20 años del padre Carlos Mugica. El motín en la cárcel de Sierra Chica. El accidente de Lapa. La toma de rehenes en el Banco Nación de Ramallo. El crimen de José Luis Cabezas. La tragedia de Cromañon. Y las muertes de Néstor Carlos Kirchner, Nicolás “Pipo” Mancera y Emilio Moyano, uno de los hijos del líder de la CGT. El atentado a la AMIA y el suicidio ante las cámaras del comisario Mario Oscar “Malevo” Ferreyra y La tragedia de Once fueron primicias apiladas en un edificio vacío, pero él crédito popular se mudó con la marca, como un pibe que lleva el diario íntimo de la casa de la prima, como un campesino que siembra vientos.

Las chapas que escucharon las cosas antes cualquier hogar son un estacionamiento compartido con un conteiner en la puerta para llevarse las marquesinas y escenografías que más duelen, cuadros con picos de audiencias que murieron hace tiempo y estudios gigantes y fríos donde nadie toca ni alquila. Las anécdotas son el enemigo en casa y todos los personajes que lo hicieron más grande de lo que es son los títeres que dejamos en la última mudanza porque no teníamos lugar para la licuadora. Ahora ya nadie quiere ponerle una bomba en Riobamba. Ahora nadie llama a Riobamba. Los que pasan por ahí ven un edificio sin carteles ni indicadores y no advierten qué fue, QUE FUE. Si un canal argentino un C&A de MODA.
Ya no tiene la culpa de nada.  Ya no es responsable de nada.  YA NO.

Solo queda una oficina con doble candado, con un genio que extraña el color rojo y mira como las paredes se empiezan a descascarar porque la pintura también se retira.
 

 

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El jugador

 

El televisor 14 pulgadas del bar de Barcelona dice que Racing salió campeón después de 35 años. El lugar está repleto de personas que no saben qué es Racing y que miran al único tipo que está mirando el TV. Es un gordo que llora. Llora mucho mientras piensa que Racing es ese ORSAI del que no va a escapar nunca, y que el exilio también es estar apartado de la jugada que sostiene el alma. 

ÉXODO

 “Tu padre nació en un lugar maravilloso, en un país en donde nunca le fueron bien las cosas pero que huele a tierra mojada, en el que mires para donde mires siempre hay algo que es verde y alguien que es tu amigo. No dejes de ir nunca, nunca. El cuerpo nace en un solo lugar, pero el corazón puede nacer en dos. Por eso existe la frase ‘se me parte el corazón’. Y si los tontones de tu colegio te preguntan por qué vas todos los veranos al culo del mundo contéstales: porque quiero estar completa”. Casciari se lo escribió a Nina, de 12 años. Tal vez apliquen para Pipa, su segunda hija de 4 meses.  Casciari escribe desde una casa derrumbada, esas máximas son el único momento en su obra en que se advierte una nueva dirección: en el futuro no hay cartero.

“El exilio te hace llorar hasta una medalla de bronce en canotaje, te hace querer al tipo que silba por la mañana, a la harina de la factura más dura, redescubrís relieves y ves cosas especiales en la textura de un semáforo. Tal vez porque siempre tuve miedo a que me digan una palabra en argentino y no saber lo que quiere decir. Cuando volvés, el canotaje es zapping, y el tipo que silba te empieza a incomodar, porque además de silbar, estaciona mal”. El costo de volver a un lugar donde fue feliz Casciari lo corrió hace dos años cuando después de 4 mundiales y un infarto volvió a la Argentina para salir de la posición adelantada.

Fundó su propio ORSAI, una revista por suscripción y sin publicidad que después se transformó en editorial. Escribió una novela en pijama, la subió a un blog y la bautizó “Más respeto que soy tu madre”, una comedia disfuncional que llegó a Calle Corrientes a través de la piel de Antonio Gasalla. En su primera temporada, Orsai fue una revista internacional, arriesgada, con centros de distribución en más de 30 países y una logística llena de utopías “con glosarios para que cada lector supiera como se dice chucha en los países donde no se dice argolla”, según indica el propio autor en el primer número de la segunda temporada.  También montaron un bar en San Telmo,  donde funcionaban talleres y un kiosco de revistas, con  gente soñadora, encerrada en cuentos involuntarios y periodistas con la camisa afuera. Sonaba de todo, menos Caetano Veloso.

“En 2008 me descargué la discografía completa de Caetano Veloso, pesaba 1GB. Tenía toda su vida en mi escritorio. A la semana la computadora se volvió imposible, lenta y inoperable, con total naturalidad agarré ese GB y lo tire a la papelera de reciclaje. A la nada. Ahí me di cuenta lo fácil que nos resulta todo. Ahí es cuando decidí que ORSAI sea cara y complicada, que no sea barata y fácil, porque lo barato y fácil lo tiras para hacer lugar cuando tu novia se muda a tu casa o la primera vez que te echa. Si no te resultó costoso, no sirve. Si no tenías ganas de que eso pase, lo tirás. ORSAI es algo que no dejás cuando cambias de lugar. No vamos a ser masivos nunca. Eso es el paraíso de los tontos. Lo que genera ORSAI no es popularidad, es comunión: que las personas que consuman ciertos productos puedan tener cierta complicidad en el subte cuando se ven”.

EL TIPO DE LA BARRA DE HIELO

Nadie debe decidir hasta que hora podes jugar. Nadie. Ningún gobierno ni anunciante va a dictaminar cuando termina el recreo: “No tenemos publicidad ni privada ni estatal. Esa es la dimensión de la autogestión que nos determina. La contratapa de la PARA TI, los carteles al costado de la ruta, los banners que cubren las avenidas doblemano, serán una opción cada vez más prescindible en un mundo que va camino a la autogestión. Hace un tiempo, unos señores te tocaban el timbre y te ofrecían una barra de hielo para que refrigeres un pedazo de carne. Un día aparecieron las heladeras. Las grandes corporaciones van a ser esa barra de hielo. No van a ser necesarias”.

SACAR LA MANO DEL CUENTO

Vomito 12 libros en 12 años, algunos reeditados: “Diario de una mujer gorda”, encabezando el fenómeno de los blogs que se vuelven ejemplares; “Más respeto que soy tu madre”, que se convirtió en el fetiche de la calle Corrientes; “El pibe que arruinaba las fotos” un viaje a todos los pebetes de salame y queso de su infancia; “Charlas con mi hemisferio derecho”, lugar que encontró después de 6 meses sin escribir,  “Messi es un perro y otros cuentos”, en donde compara al crack argentino con su can de los 8 años ,“El nuevo Paraíso de los tontos”, obra de 40 historias que desnudan al hombre y a la transición entre lo analógico y lo virtual y “Doce cuentos de Verano”, que contó con ilustraciones de Horacio Altuna, con quién tuvo como única meta que el calor fuera el protagonista secreto de cada historia. La obra fue dedicada de manera excluyente a Diego Milito, último ídolo de Racing. A todos sus libros los escribió sin intemperie, a 150 metros de las cosas pero a 2 latidos del primer recreo en su colegio de Mercedes. Hernán Casciari decide pensar desde las figuritas que le faltaron para completar el álbum y prescindir del timbre de la novedad.

“Le escapo a la descripción, traslado sin describir, hay cierta coloquialidad en mis cuentos que hace sentir cómodo a quien lo lee. Nada más. No creo que el lector llegue primero a la imagen y después al concepto. No me gustan los autores que se meten hasta tu medula para terminar hablando de sí mismos. ‘Contáme un cuento, no me cuentes tu sensaciones, sino termino pensando en vos’. Trato que el lector esté en el lugar donde yo quiero que esté pero que no esté en mí, para eso hay que despejarse. Lo necesito en la calle, asustado, jugando con sus sombras, no en mi cabeza. La hoja está en blanco y él es el que tiene que dibujar, yo no soy el dibujante”.

POE

Edgar Alan Poe interpretó su poema “El Cuervo” (1845) por los pueblos, casa por casa, taberna por taberna, bajo la niebla, por 10 centavos. Las Crónicas de la época constataban que muchos se desmayaban durante sus versos. El autor traspasaba el altillo y era las ojeras de su propio personaje. 160 años después, el escritor argentino Alberto Laiseca respiraba las mismas líneas en un primerísimo primer plano para el canal de TV  I-SAT. “Desde que deje de escribir, interpreto. Taché las descripciones de mis cuentos y de mis novelas para aprender a decir, asimilé el silencio de los otros y entendí que quedarte callado también es un adjetivo. Me anime a volver al Siglo XIX. Eso es una obra en Construcción, literatura chiquitita que se dice. Por eso lo monto con toda mi familia”. En ella intervienen “Chichita”, su madre, su hermana Florencia, su cuñado-el temible Negro Sanchez- y sus sobrinos y sus primos – Los Carabajal-

SANCHO

Hay cosas que no se pueden googlear. El color de la camiseta de tu mejor amigo el 31 de agosto del 1989 mientras estabas viendo un partido de Racing no tiene registro más allá de los testigos. Las historias de Casciari nunca son de a uno. Tiene un socio: Chiri, amigo de Mercedes y frontman de las licorerías oculares de todos sus cuentos: “No sabemos quién inicio a quien en determinado gusto, quedó todo tan amalgamado, hay tanto pasado, tanta correspondencia cultural que confundo hasta los tonos: no sé qué fue conversación y qué fue un monologo. Muchas veces me pasa que no sé si hay cosas que pensé o hable con él. Nuestro wattshap es un Alzheimerlleno de nostalgia. Es un bucle. Ya no nos vemos tanto, tampoco hace falta”

HUMO POR LA BOCA

“No escribí desde que estoy en Argentina y dejé de fumar. Me cuesta mucho salir del ritual literario, nunca elaboré sin tabaco y marihuana. Cuando tuve que dejar de tirar humo por la boca, me salió un texto desapasionado. No tengo nada que hacer ahí. No puedo hacer nada sin pasión. No escribí todavía con ganas, si elaboro y en algún momento siento que me está gustando es mucho peor, porque lo tengo que camuflar. Para hacer el editorial de ORSAI me tuve que engañar: redacté 600 palabras pensando en el discurso para el lanzamiento. El paso del tiempo te advierte que no tenés que llenar la bolsa de nada ni correr detrás de ningún guion. Cuando hay cosas que te dejan de importar, significa que estás cansado. Y estoy cansado. A los 30 años pensaba que todo era plausible de ser una historia, cualquier cosa que me pasaba era un buen cuento, lo daba vuelta como una media. Ahora no quiero gastar tiempo en eso. Ya no quiero convertir cualquier ocurrencia en una publicación”.

FLANDRIA

“Soy de una generación intermedia, no me seducen las construcciones de 3 minutos, pero las hago porque me interesa conversar. Lo que hacemos no tiene por qué ser Peter Pan. Orsai tiene nuestra edad, nuestras canas y dolores, pero es mucho más Argentina que cuando la hacíamos en España. No me importa tanto que el nicaragüense no entienda lo que dice, no es una publicación que hace pie en todas las piletas ni pretende ser hispanoamericanista. La vieja revista estaba llena de pies de páginas con aclaraciones, de llaves que explicaban e interrumpían los relatos. Demasiadas apostillas. Ahora estamos en casa para 7.000 lectores, que no llenan la cancha de Flandria pero que pretenden algo que no encuentran en el lenguaje de los likes y la brevedad de los 140 caracteres. No es necesario tener la energía que te da la inexperiencia. Esta segunda parte tampoco será masiva, pero tampoco será careta. Algunas cosas no tienen que ir por el lado del éxito”.

PERRO

“Messi es un perro, un perro como Tontín, el perro de mi infancia. Fija los ojos en algo y ya no lo suelta, sea una esponja amarilla de lavar los platos o una pelota. Los perros no fingen sancadillas cuando ven venir un Citroen ni buscan que le saquen doble amarilla al sodero, como Messi. Messi es el primer perro que juega al futbol” La premisa fue publicada por Casciari en la revista ORSAI en Abril de 2012. Se hizo audio, se hizo viral, se hizo libro de cuentos, se hizo infancia, se hizo la pausa que viaja hacia nuestros muertos. Convirtió a Tontín en un lugar donde nadie nos puede romper y a Casciari en la mano apoyada sobre el pasto mojado que  disfruta en el patio del rocío, con los dedos embarrados del gajo de la pelota que se fue del otro lado de la medianera y volverá sin que nadie la pinche, porque del otro lado también hay alguien jugando.

 

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PH Lina Etchesuri, para MU.

 

 

Hasta el final

Militó los 70 en Montoneros, ayudó a sentir en voz alta los recuerdos de la ESMA, lloró a Walsh y litigó con Verbitsky. Fue amigo de Fidel hasta el final e íntimo de Kirchner hasta la mitad. Ahora sacó un libro de ficción donde afirma que Graiver está vivo. El hombre que sabe morir pero los recuerdos de la muerte lo mantienen vivo.

1 de Julio de 1974. Murió. La redacción del Diario Noticias permanece en silencio pero no se reconcilia con su último perseguidor.

– “Que titule Populevich” sugiere el hombre de los testimonios definitivos. Rodolfo Walsh se apoya sobre su escritorio e insiste: “Vamos, Populevich, te toca”.

– Bonasso lo observa. “La primera palabra es DOLOR. El viejo nos volvió locos, pero el pueblo está solo. Hay que hablarle a los huérfanos. Vos escribí lo demás”.

– Hecho.

“Lo demás” fue un copete de 8 líneas que acompañó la edición de mayor tirada en la historia del periódico montonero. El título, una sola palabra: “Dolor”.

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2017. Rodolfo Walsh está desaparecido desde hace 40 años.

“Era un descuerdo. Era un Dios. Era un Dios lucido”. Miguel Bonasso lo recita de memoria mientras escucha llorar a Camilo, su hijo de 3 años en la habitación del primer piso. Después del 83, enseñó a sentir en voz alta los gritos de la ESMA con la novela Recuerdo de la Muerte mientras el alfonsinismo pedía decretos simétricos para todos. Ayudó a fundar Página /12, diario del que fue corresponsal en Londres. Publicó “El presidente que no fue” para contar que pese a ser un Jefe de Estado vicario, Cámpora tenía intenciones más nobles que Perón. Fue diputado Nacional por el Partido de la Revolución Democrática en 2003 donde presentó diversos proyectos de ley, en su mayoría vinculados a causas ambientales. Amigo de Fidel Castro hasta el final e íntimo de Nestor Kirchner hasta la mitad del mandato.

Acaba de publicar El hombre que sabía morir, un thriller político que rescata un misterio resuelto por la historia antes de tiempo: David Graiver, el banquero dueño de Papel prensa y financista de Montoneros, está vivo: “No se mató cerca de Acapulco. Fue reconocido por un torso velludo sin cabeza, jamás le practicaron un análisis de ADN y fue rápidamente cremado. Su cuerpo no era reconocible. El fiscal Morgenthau en Estados Unidos da fe de eso. A mí me lo confesó un exjefe de Interpol México: Graiver no estaba en el avión que se estrelló en México. Se bajó en Houston” revela el autor quien también publicó “El Mal: el modelo K y la Barrick Gold”.

Con precisión de anestesista combina Secretos de Estado, primicias y rumores en un texto que también incluye la historia del secuestro de una joven argentina en las Playas de Cancún que despierta una vorágine de espionaje que une Buenos Aires, México, la Habana y varias Ciudades de Estados Unidos. En este ejercicio, Bonasso juega a ser Alejandro Dumas, mezclando figuras históricas con personajes inventados. Tal vez por eso su última obra es el único texto en donde Fidel Castro aparece como un personaje de ficción, y no como una figura de la Historia política.

 

No pasarán
No hay pasado imperfecto,
no hay pretérito perfecto simple
si hay algo pendiente.

 

Su testimonio da cuenta de la necesidad de creer en una continuidad pero su voluntad quedó encerrada en los 70: “No puedo escribir sobre el Mago de OZ. Si hago ficción lo vinculo con la historia, con mi propia historia y con la memoria. No se puede pensar a 100 metros de la tragedia Argentina. No se puede soslayar el dolor de perder a tus amigos de armas o de palabras. Te vas adhiriendo a una razón moral que está mucho más arriba de lo que te juntó. No eran solo desaparecidos: eran con lo que ibas a morfar casi todos los días. Por eso a todos nos costó romper con la organización, porque era la fractura del alma lo que estaba en juego, no solamente Montoneros. La noche que nosotros rompimos con Firmenich en Manaos fue uno de los grandes dolores de mi vida”

Los tipos que titularon con sangre no tienen ojos, tienen portadas que no se reconcilian con nada: “Se intenta igualar las acciones delictivas con las acciones terroristas de Estado. Esto no es un fogón en donde todos tienen la culpa que el fuego crezca. La reconciliación nacional es una invención de la derecha. No hay rencor, hay genocidio. Para igualar los hechos de la guerrilla con los crímenes de lesa humanidad hay que modificar la Constitución y renunciar al pulso de la historia. La marcha del 2 x 1 es lo que más me alentó en estos años en la República Argentina. Hay un sector sano, que no va a dejar pasar a los monstruos. La sociedad nunca estuvo a favor de la dictadura. Fue un golpe cívico – militar constituido por sectores dominantes, no populares. El kirchnerismo no inventó nada, los procesos no son de una persona ni de una facción, sino de la base social que responde a lo que la gente no está de acuerdo”

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2007. De un lado del estrado Javier Leguizamón, abogado de la querella en la causa Larraburre, coronel asesinado por el ERP en 1974 tras el copamiento de la fábrica militar de Villa Maria, Córdoba. Del otro, Miguel Bonasso, explicando la diferencia entre las cárceles del pueblo y las telarañas del Estado.

– ¿Volvería a matar?

– Yo no puedo contestar eso, señor.

– Vamos Bonasso, conteste.

– Eso es de un interrogatorio de la SIDE. Es un interrogatorio militar disfrazado de interrogatorio judicial. Que me vengan a buscar con la fuerza pública, pero eso no lo voy a contestar. Eso es una infamia. Lo de Aramburu no fue un asesinato. Lo de Aramburu fue una ejecución. Todo fue una ejecución.

Resistiendo el ablande

Los medios: “No trabajo en ningún medio. Nada. Eso se lo debo a la grieta. Primero me persiguió el kirchnerismo a raíz de la bronca con Cristina a partir de la ley de glaciares. Yo no transo. Sacamos leyes como la de bosques, la ley de glaciares que fueron fundamentales y ella nos bajó el precio diciéndonos montoneros verdes, como si fuésemos militantes de Greenpeace. El desarrollo social no puede ser a cambio de veneno. La Barrick Gold nació como fachada de la CIA, y han perseguido y exiliado a todos los autores que han reparado en ellos. Soy el Trotsky del subdesarrollo. A su vez tampoco estuve con Macri y el macrismo también me persigue, desde la obturación. Tienen un Ministro de Cultura que es un ex editor de Planeta y escribió un artículo que hablaba del relato falseado de los 70, qué ahora venía uno autentico, ¿Cuál? ¿El de los represores? ¿El de Lopérfido?”

La casa de Bonasso no tiene estampitas: tiene calcomanías: “No al ALCA, Viva la Unidad de los Pueblos Latinoamericanos”” reza una pegada sobre la puerta que da a la biblioteca. Pegadas con cinta adhesiva cuelgan de su nuca las tertulias de 1973, en el restaurante De La Cruz con el fundador del diario Crónica, Héctor Ricardo García. Después de cada cierre, comparaban tapas. La más alejada del pueblo pagaba la cuenta. “El gallego pedía que le lleven el teléfono a la mesa para putearse con toda la redacción: “los pibes de Noticias nos volvieron a cagar, dale vacaciones a todos y que no vuelvan más”.

Timerman, director de la Opinión, lo acusó de ser el “contrabandista de ideas” porque sus interlineas se justificaban lejos de las editoriales: “Jacobo hacia diarios de derecha con gente de izquierda. Jamás me echó porque ese contrabando lo favorecía”. Con Walsh llegan las valoraciones definitivas, los entredichos judiciales con Verbitsky y su gran cuenta pendiente: “Rodolfo era el mejor de todos. Era diamantino. Su lealtad iba por un lado y su inteligencia por otro. Su cabeza le hablaba de militarismo, de foquismo, de hipervaloración de la organización, que no había avances, que el pueblo estaba en una retirada, en un repliegue, que la organización debería haber contenido ese repliegue, con base social y política, no militar, a largo tiempo, pero cayó ayudando a un compañero, imprudente, cándido. La Organización me pidió sacarlo del país. Jamás pude dar con él a tiempo. Lo de Verbitsky, quién me acuso de no haber asistido a la cita a la que a él lo detienen, es una infamia elaborada por una rata”.

Y remata: “Trato de dialogar desde el realismo. Eso no es volverse pragmático, eso no es tirar por el precipicio al principio: el realismo es transformar. A las armas no las agarramos por leer el capital, agarramos los fierros porque te cagaban a palos solo por tener el pelo largo. Frente a eso luchábamos. Han variado las formas, pero no el comportamiento. Ser viejo no me hizo conservador, no podés cambiar la realidad si no la intentás entender. Al horror se llega antes de lo que uno piensa y para lidiar con eso necesitamos periodismo. El periodismo molesta, el resto son relaciones públicas. Lo que no molesta, es canapé”.

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FOTOS: Lina Etcherusi

Invisible

 

Director, guionista, actor, conductor y dueño de los muñecos. De Caro es un inquieto que sabe cómo robar el mundo. Acusado de nerd-pop, hace un programa con Diez Chinos y estrena en la web un documental sobre Riquelme. Palabras desde el fin del culto.

Soy la relectura.

Vivo en una curaduría eterna de compilados, de festivales de cine, de libros que pasan y vuelven 300 veces.  Soy esos hermanos que usaban linternas cuando no podían conseguir un sable de luz de juguete para pelear contra todos los episodios que la galaxia quiera. Soy Star Wars porque también pasa en Villa Crespo y con voces latinas. Soy el que espera que algo se vacíe en el ojo para volver a creer en lo inrastreable, incluso para mí mismo.

Soy algo sin forma. Soy un descoleccionador.

Sebastián de Caro no puede dibujarse.  A los 18 años ya tenía 30 puntos de rating en la serie Montaña Rusa. Fue el pibe del afiche de la tira al lado de Esteban Prol y Gastón Pauls antes de ser persona. Empezó como actor de un boom y como el autógrafo le llegó demasiado rápido fue escurridizo para esquivar los Ray Ban espejados y el JET SET. Se convirtió en una referencia pop, revisionista y clásica llena de funciones privadas en los párpados no aptos para todo público.

Como siempre hay lugar fuera de la carta, en la servilleta de lo eventual escribe con restos de tuco: Hoy es conductor de Una Casa con Diez Chinos en Vorterix, supo estar al frente de Cinerama, en Radio Nacional y Cómo Robar el Mundo en Radio Metro. Fue columnista en Perros de la Calle; escribió novelas de aventuras y consejos para seducir, es comediante de stand up y podcaster. También fue panelista de Gran Hermano y discutió existencialismo alrededor de Cristian U. En una repisa que abraza las criaturas de Alan Moore, Jockers de Grant Morrison o Brian Bolland, Batman de Greg Capullo o Lee Bermejo y algunos Faustos perdidos del universo de DC, hay una vocación que es para siempre: dirigir.

Lleva estrenadas más de 5 películas, entre las que se encuentran 20.000 besos, una comedia llena de referencias culturales a la década 80 como contraveneno para enfrentar la adultez,  y un documental sobre el último partido en la bombonera de Juan Román Riquelme. Después de contratiempos entre las partes que llevaron al autor a bajarlo del BAFICI,  se podrá ver online y gratis desde Vorterix en el segundo semestre.

 

Seres sobre-estimulados por contenidos que son para todos. Tipos de 40 años indignados por el tamaño de la capa de Thor y al traje de Superman. Los hombres sin tiempo dieron paso a los hombres sin edad. Nadie sabe qué edad tiene, se sufre más por contenidos para pibes de 14 años que por dramas para la tercera por igual. El costo de que todo sea ATP. En este tiempo sin referencias generacionales, De Caro tiene la clave para no convertir la emoción en la Feria Masticar: “Intentar ser invisible, aprender de los autores que no se notan en la obra para desaparecer, confiar en la trama, en la puesta. Dialogar con los héroes sin mitificarlos, hacerte más fan de tu voz que la del consejo, celebrar la normalidad, disfrutar tus errores aunque eso no le haga un favor a los dueños del karaoke. Imitar lleva más trabajo que equivocarte, porque la naturaleza es más fuerte que la pericia del otro, al final siempre aflora la personalidad aunque seas un imbécil. Hay quien no advierte problema en que un publicista sea un rockero. Los pibes de 18 años deberían querer ser Santiago Motorizado no desear presentar un Power Point con la idea de un jabón, esos tipos le robaron lugares al rock comiendo cerdo y tomando cerveza artesanal y antes eran más grises que un cajero de banco. Eso fue planeado, como ya no pueden meterse en algunos discursos se filtran siendo el vehículo de la propuesta”.

 

CELEBRAR LA NORMALIDAD

Es difícil resetear los reflejos después de exigirlos tanto, ese reflejo de la comida chatarra que hace que el combo se estire más allá de lo que se pueda llegar a tragar: secuencias obvias, tramas que duran 7 temporadas respondiendo preguntas que en el  primer capítulo habían quedado claras: la historia va a caer dentro de la caja: “Hay fiestas que solo se sostienen porque hay gente que quiere entrar. La necesidad más grande tiene que ser del autor. Por algún motivo, por necesidad vital, por contarlo. No puede ser del espectador. No debe ser pueril. Es muy difícil sentarse a escribir un bettseller. Tenés que contarlo porque te importa contarlo. Está todo hecho para que juzgues y cuentes algo parecido a la cartelera. Llegar a UNO es una manera de vivir, no solo de contar. La técnica de contar se adquiere en 3 clases, vivir como guionista lleva más de 30 años. Todos las horas, todos los días, todas las penas. No pienso si contar es una manera de sobrevivir, me sale naturalmente.  Lo que escuchas, lo que te imaginas cuando escuchas, eso va a disparar una idea que no suscribe a la especulación porque tiene que ver con vos, que alguien te quiera pagar por eso es un accidente. Trato de deslumbrar con la historia, sino es especulativa. Nadie quiere una sensación. Todos quieren una realidad paralela, un universo hipersensible, pero nadie quiere una sensación, porque para eso tenes que mirar más para adentro que para afuera”

 

NADIE QUIERE SER NADA.

A la gente le falta todo. Menos mezquindad. Las redes sociales desnudan no solo a los caídos para y desde siempre, sino la derrota de lo aspiracional, al universo roto. Nadie se siente validado y corren detrás de lo auto-conclusivo: “Somos lo que somos, no somos Messi. Somos. Y eso genera una menopausia imposible de digerir, alguien tiene la culpa de lo que no me pasó.  Por eso siempre insultan los tipos grandes, porque es ahí donde habita el resentimiento. Y esa necesidad es válida en un primer momento pero después ese tipo quiere invalidar al resto, crecer y pegar el salto. No es democratizante, no es bello, solo refuerza. Es una droga puente a las mieles de esa especie de capital simbólico reconocido y  legitimado por la mayoría: El sueño del tuitero estrella es el salto, a la fantasía o a Tinelli aunque nadie te pare por la calle ni a pedirte la hora”

La bestia te pide más
El monstruo te pide más:
genio, picardía, mala leche,
que te pelees con algún famoso.

1000 seguidores
2000.seguidores
3000 seguidores
10.000 seguidores.

Y el tipo da, da, da, da y da
y de repente ya no puede entrar en un bar porque lo matan a trompadas, y le ofrecen escribir en una revista, y ya lo odian 4 o 5 y no puede manejar ni sostener lo que dijo, entonces empieza a tirar rebajes: no es tan violento, no es tan pícaro, no es tan genio ni ocurrente porque tiene costo y queda en un limbo que es mentira porque creyó que estaba ahí.

Él pensaba que después del @10.000 venia Ricardo Darín: “Ese proceso es siniestro porque genera una sociedad que se sostiene como El señor de las moscas,  la novela de William Golding, donde reproduce lo peor y lo excluyente y se forman CARAS PEQUEÑAS, avatares sin identidad, en donde  nadie da el salto, como si fuera la pre guerra de la guerra, no pasa absolutamente nada. Eso es la menopausia moderna. La derrota ante lo no asumido. Ante eso, solo hay dos antídotos, ignorarlo o tirar la buena”

CONTINUAR EL FUEGO

Está todo hecho
Esta todo filmado
Esta todo pensado.
Está todo escrito.
Menos la necesidad.
 “Hay que hacer por desamparo, no por originalidad. La originalidad es una necesidad de los productores que quieren vender sueños en la esquina, no de los artistas. No hay que inventar nada, hay que volver a transitar. Transitar para recordar que somos seres humanos, ¿cómo va a ser un invento si es para recordar? Hay que sacarse de encima la mochila del invento, la poética no es invento, es reutilización. Hay que continuar el fuego, tirar más carne para que sobreviva la poesía. Es lo único que hay que hacer. En forma de narración, de texto. Cuando menos invento haya, mejor”.

 

DECaro

Gentileza Diario La Nación

 

El mirador

Guionista de cine, autor de novelas de Ciencia Ficción, acaba de publicar un libro que ficciona la vida de Rodolfo Walsh y prepara la biografía oficial del Indio Solari. El rock de los Sith, el periodismo jopo y la literatura que tutea se unen en las cicatrices de Marcelo Figueras.

Irritar a los dueños de todas las palabras. Pensar en voz alta los sujetos y predicados de la historia a través de un vidrio astillado.

Poner la cámara en los ojos que no sean de consenso.

Escribir sobre putos, chorros, drogadictos y asesinos y no catalizar en los villanos que te ofrece la panera del sistema. La sombra de la tradición ya no habita en Marcelo Figueras, el hombre que decidió escribir con los pies en la palangana porque se lleva mal con el frio.

De héroes y enemigos

El reflector capicúa, la súplica inútil, el disparo a quemarropa, el peón fusilado, el militar asesino, el luchador que intenta cruzar el alambrado, el pibe chorro, el hombre desesperado, el héroe bisexual y el nene que dibuja sangre. Todos clavados sobre en una lógica veterinaria.

Todo tiene pulgas.
Todo tiene sarna.
Todo tiene garrapatas.
Todo es quirúrgico.
Todo tiene cuerpo.

“Siempre hago relatos que intentan pararse desde un lugar incómodo – dice Figueras-, no verbalizar desde una dimensión apta para todos que dinamite a los culpables que no tuvieron opciones. El enemigo público número 1 nunca es el enemigo público número 1”, afirma el guionista de KamchatkaPlata Quemada.

A contrapelo, lejos de las calificaciones que consagran mitos antes de tiempo pero bien conectado con el registro de la memoria, de sus guiones fluye una conciencia orgánica: “Con Kamchatka la sensación era que no había nadie que quisiera leer sobre desaparecidos, por eso teníamos que seducir desde las maneras para lograr la conexión y no tanto desde la historia: así podíamos llegar a la sensación. Hay pasillos que solo se asumen desde la experiencia y horrores que se cuentan desde la garganta. No hay distanciamiento estético, hay intemperie”.

Los héroes perdidos detrás del estilo que empezaron a escribir con los pies son los más valiosos. Flotando en la vitrina de los hacedores está Walsh marcando con pintura roja cada una de sus oraciones: “Su masacre interpela desde todos los lados a la vez y al mismo tiempo. En él, el estilo tiene un techo más bajo que la emoción. El mejor Walsh nació de la ruptura con la tradición gorila que abrazó hasta que miro a la cara a un fusilado. Cuando entendió que sentir no era para géneros menores, venció la sombra del estilo y de la belleza por la belleza misma. Empezó a querer lo que antes despreciaba. No se cambia de andarivel por compromiso. Las victimas conmueven desde un lugar mucho más profundo que lo que puede ser consciente. Somos más lúcidos cuando narramos que cuando articulamos un pensamiento político, y eso es gracias a la emoción. El periodismo es un nervio que necesita ser atravesado” agrega  el novelista que también trabajó en revistas como “Humor”, “Fierro” y el mensuario “Caín”, de quién fue su director.

Los finales

El recurso de la ucronía llega siempre cuando te enfrentas a lo que no podés torcer. Los héroes que viven en la cabeza Figueras lo impulsaron como narrador de todo lo demás: “Comencé escribiendo Ciencia Ficción (en 2014 editó en ese género El rey de los espinos) pero no consigo explicarme porque decidí estudiar periodismo. Supongo que por el registro y la aversión hacia la lingüística. Las ficciones con el tiempo dejaron de depender de lo fantástico, cada una de las historias fue necesitando un grado de investigación cada vez mayor. Eso me reconcilió con la realidad y con lo que me divierte. La narrativa siempre es una excusa para saber algo más. El resto es consecuencia”.

En  su último libro, “El negro corazón del crimen”, el autor fusiona los primeros prólogos de Operación Masacre con un policial negro y da cuenta que a veces lo imperfecto es una de las formas de lo perfecto. Centrifugar en el mismo secarropa el génesis de una obra con  el resto de sus páginas, puede decolorar las motivaciones iniciales pero no alterar el final, porque los finales siempre te pasan por arriba.

“Los héroes clásicos me impulsaron como narrador. No son solo un género, tiene capas de profundidad que con el tiempo te permiten hacer otras cosas. Están en un tiempo y toman un bando. Eso no es POP. Es dimensión política.  En épocas de silencio, lo épico está proscripto. La salvación no es colectiva ni es individual. Ni siquiera se podía plantear tu propia historia. Es una gran respiración artificial”.

Las pelucas

Investigar en los 90 y hablar sobre rock es asumir el peso de la losa generacional y que los puntos cardinales de la brújula sean:

  • Un Par de Ray Ban”
  • Sushi
  • “Cemento”
  • Cocaína.

“El problema del rock es que ya no te conecta con otra cosa que no sea rock. Ya no es vehículo de otras inquietudes que no lo impliquen. Rock y poesía. Rock y cine. Todos divorciados. Se mató al maridaje. Williams Blake y Jim Morrison, Artaud y Spinetta. No hay más matrimonios. Solo estilos sueltos, que al ser solo estilos tienen un techo obvio. Durante décadas el rock fue internet antes de internet. Ya no. Dejo de dialogar con su tiempo, dejo de interpretar el malestar. No es la música de este tiempo. Es como las pelucas locas de “Grandes Valores del Tango’’ de Silvio Soldán. No hay experimentación, nadie carga sobre sus hombros algo que no tenga que ver con su discografía. Hace más de dos años que estoy escribiendo el libro del Indio Solari, pero la realidad siempre abre un capítulo nuevo. La realidad nunca está cerrada”, afirma el biógrafo oficial del Indio Solari, quién hace más de dos años prepara una biografía del exlíder de los Redondos de Ricota que aguarda en el pogo más grande del mundo la señal para ser publicado.

¿Qué es lo que une a todos estos Figueras?

Nada hay más atractivo que la alegría de disfrutar algo con pasión, y los que no saben, o no pueden, se muerden las uñas de rabia. Si lo distinto es una anomalía y a los normales les aterra, lo que descubren no solo es un freak sino la falta de algo esencial: la libertad. Hay cosas que están rebotando en todos lados menos en los diarios y son de verdad, tienen una vitalidad superior por ser una búsqueda distinta. Hay cosas que son de verdad o son solo información: “Tengo la necesidad de creer en esos sentidos que pujan por salir, aunque sea breve. A lo breve no le falta autoridad, no hay forma de pasar por algo que no sos por más que solo pronuncies una frase”.

 

 

Disponible en Revista MU / Cooperativa La Vaca
http://www.lavaca.org/mu/mu-112-femicidio-es-genocidio/

 

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Pretérito Imperfecto Asís

 

Un unicornio se aposta al lado de una taza de té y enfrente de un auto de carreras, detrás de ellos, un pato amarillo con pico rojo, un burro gris con cara de caballo y un elefante blanco los persiguen, nunca acortan los metros de distancia, siempre están a la misma distancia.  Todos juntos pueden ser una calesita o una mueca de Oberdan Rocamora.

  1. Corrientes y Uruguay.
    Café la Paz.
    Un hombre tiene el truco para sacar todoas las historias de la máquina de granadas.
    Antes de abrir su cuaderno negro “Moleskine” sabe que escribirá sobre un desangelado que busca un golpe de suerte al margen de la ley, sabe que su personaje terminará fracasando porque todo termina mal y que hay algo en él que disfruta ese desenlace, sabe que ese personaje llevará a cabo perversiones que él no cometerá, lo único que no sabe es su rostro. Ya describió presentaciones de jabones, citas a ciegas en primera junta, una clínica de muñecas, noches de propinas desmedidas en el Petit Colon, OVNIS en la Avenida Santa Fe, ferias americanas, Torinos con llantas vencidas, músicos de blues en la línea B de subtes y vedettes ciegas. Siempre se para sobre tipos que buscan demoler lo que son, aunque no sepan qué hacer con los escombros.

“Esta es mi última mesa”, advierte Federico, el mozo histórico del café que se va de “La Paz”, en adelante conducirá un taxi de su pertenencia. “Le serví café a tres generaciones distintas, a los Eichelbaum, al viejo Samuel , al hijo Mondy y a los hijos de Mondy. Mi tiempo acá ya pasó. Se me calientan las piernas,  tengo problemas de circulación y no quiero que me saquen de adentro de La Paz como al pobre Ming. Tal vez extrañe, pero en 5 horas voy a levantar lo que acá hago en 14”. Solo un mozo que cambia de trabajo. Lazo simple que se rompe en una ciudad que vive rompiéndose, en donde las opciones no prestan la menor importancia a los hombres grises. Las luces no se apagan, lo que se apagan son las almas. Con el éxodo, llega la historia: “Los mozos de La Paz son distintos a los mozos de La Opera, o a los del Premier. Interpretan a los que se atreven a entrar, a los que tienen vergüenza de estar, a los solos, a los que se hacen los solos, a los duendes, a los suicidas, a los chetos, a los reventados, a los descartables.  Ningún oficio de Avenida Corrientes es de oído, acá los  fantasmas abundan, se percibe la persistencia de una tradición bohemia o pensante” piensa en voz alta el periodista. Sabe que lo van a publicar porque lo que tiene es bueno y porque lo firma él. Soñó transmitirlo como Roberto Arlt, lo hará como Jorge Asis.

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  1. Barrio de Caballito. Yerbal y Parral. Piso 5to. Departamento A. No hay teléfono. Los chicos duermen, su mujer también. Asis pone una frazada debajo de la Olivetti lexicón 80 para no hacer ruido y despertar a todos. Asís está acabado. Se siente Gatica en la cantina de Prada. Nadie quiere que toque su máquina de escribir, sus libros ya no se venden y ya no le mandan cartas. Su contador lo llamó solo para decirle que estaba arruinado. Tras la publicación de “Diario de la Argentina”, donde destrozaba la barbilla del monstruo Clarín,  la coordinadora alfonsinista lo obturó de todos lados. Escribí obturar pero quise decir prohibir. Tal vez por miedo, tal vez porque la capacidad del escritor siempre visualizó las incapacidades políticas del radicalismo. Asís siempre fue un observador de lo concreto, algo que nunca tuvieron los radicales.

Pese a no tener nada que hacer, el turco no quiere que lo rescaten, se defiende solo de una generación literaria a la que nunca terminó de pertenecer del todo y que no lo busca ni para venderle una rifa. Sabe que a veces un hombre puede ser cantinero y a veces entrar en una servilleta de papel, sabe que hay audiencias calificadas que lo exigen y cuestionan, y lectores de imanes de heladera. Intuye que la lógica de tergopor que celebró su mirada urbana en esa madrugada lo decretaba fuera de época. Recuerda hostigado como los muchachos del boliche “Las Palomas”  critican que escribe mierda para comer: Jorge Asis acaba de rubricar bajo seudónimo “Como levantar minas”, libro que terminó en un día y del que vivirá un año y medio.  “Vender palabras, lo peor que le puede pasar a un escritor” afirmó uno de los licenciados en algo y director de un suplemento cultural para chicanear. “Error, lo peor que le puede pasar a un escritor es intentar vender palabras y no tener compradores, eso le pasa a los malos”, contestó Oberdan. Silencio de goleada, solo por unos segundos.

Hay noches que se desarman como la adversidad y para eso Asis tiene que estar despierto. Ya no luce, ya no queda bien frecuentarlo, ya no conviene citarlo, ni invitarlo a ningún lado. Le sacaron su después a punta de democracia. El exilio a España había fracasado, las librerías no lo necesitaban, la República tampoco. Lo único que le pasaba era el tiempo y no podía simular ni en el acto por el día de la Bandera de una de sus hijas.  “El silencio es una simulación”, pensó. Y pensó bien. De repente se empezó a inflar, se peinó el bigote, levantó el mentón y a medida que pasaron las horas fue componiendo un personaje, contra la angustia del trapecio y CONTRA TODOS. Por los que dormían y por él. De ese personaje coaguló un libro: “Cuadernos del acostado” que publicó tras salir de la malaria solo por el placer de la venganza fría, porque Asis es un medidor de tiempos. Resentido. Letal.

Hora Clave. 13 de Junio de 1996. A la derecha de Mariano Grondona hay dos palmeras chinas de 4 metros de altura, a sus espaldas un decorado rojo con ventanas grises metalizadas. Siendo el único que no pertenece al mundo vegetal, a su izquierda está Jorge Asís, quién desde su llegada a la UNESCO, porta traje, moño negro escocés y bigote zarista: “Gerardo Romano es un transgresor módico, participa de una estética de reventado culposo, por esa tapa de noticias (que mostraba al actor con los labios pintados bajo el titulo “los argentinos son bisexuales”), por todo lo que la gente imagina de él,  el resultado desde el punto de vista artístico es bastante pobre, como está tan reventado, es muy difícil agarrarlo, es una especie de pescado aceitado que uno lo tiene que tomar con manos enmantecadas, como está reventado, nada le importa, todo lo va a desacreditar, incluso esta intervención”.  Romano le contesta por carta en “Memoria”, de Chiche Gelblung,dos días después,  el cierre del descargo fue curioso: “No sé que hace este mono con olor a pis, pis con is de Asís”.  Se conceden el derecho a réplica y 7 días más tarde, vuelven a lo de Grondona. Pantalla partida. A la izquierda de los televisores, Romano está sentado con una campera de jean con corderito, a la derecha Asis con traje de seda. “¿Vas a leer como Susana Gimenez, AH, vas a leer? Pregunta en forma de K.O el embajador. Romano se pone los lentes, lee su carta. Asis le hace muecas a la cámara, se toca la cara y se pone una lapicera en el bigote: “Calmate Romano, estas un poco nervioso, para que te salga bien, vos sos actor, te podes relajar un poco mejor, te noto forzado, a parte temblás. Pausa. En el corte todos permanecen en silencio. Romano amaga con tomar la palabra y Asis hace un ademán de odalisca en el aire. Esperaba tener un dialogo y que me cuestes un poco más, no que vengas con un discursito”. Romano levanta la voz, luego pide auxilio con los ojos. Asis toma la palabra: “¿Qué es lo que le preocupa a este transgresor módico que en la mesa de los transgresores ni siquiera pudiera cebar mate? que mi descredito no le lleva gente al teatro, es un hombre que no da más, que le estalla la croqueta. A mi sinceramente no me interesa si Gerardo Romano atiende con los dos teléfonos o no, si es homosexual o duerme como una tortuga”. Interrumpe el actor: “La gente te tiene asco Asis”. Mariano Grondona pide que se den la mano. Acceden.. Rememorando su “Canguros II”, Asís lo hizo CARNE PICADA. Fin del debate cultural de los 90.

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  1. Crónica TV. El programa de Anabella Ascar termina con la perra Dominga echada en los pies de la conductora, la Momia Blanca con la boca manchada saboreando una medialuna y Zulma Lobato con la camiseta de Estudiantes de la Plata y peluca dorada bailando para llegar al Maipo. En la puerta del estudio aguarda Jorge Asis para hacer “Poder Vacante”, el programa que la señal emite después del segmento más visto y el sorteo de las loterías: hoy recibe a Carlos Menem. Pronto el vehículo del ex presidente se estacionará en la puerta de Riobamba 280 rodeado de 2 patovicas y 4 custodios. Al cruzar el pasillo, se abrazan con firmeza. Cariño turco.

Asis se convirtió en una voz de consulta inexorable ante los alaridos intelectuales de baja intensidad de los últimos años. Está en otro avión, ese que llega antes porque no lleva bultos, traslada conceptos. Es de esos tipos que abren ventanillas donde el resto ve un baño clausurado. “Para ser peronista sólo basta con decir que sos peronista. Nadie puede decirte que no lo sos”. Asis interpreta al peronismo como aquella polea de transmisión que conduce a la suite del dominio. Menem sonríe como remate. Asis lo sigue. Tal vez esa risa cómplice involuntaría describa comodidad, tal vez gestión. Menem lo rescató del aplazo de Clarín. El pupilo no olvida ni desparrama vinagre sobre su gobierno, le extiende una toalla limpia. Ahora Asís lo resucita elevándolo a la categoría de disertante sin pasado.

Continúan. “El peronismo es la ideología del poder inevitable, el peronismo es ganar,  el kirchnerismo es la prueba que desde el poder se puede llegar al delito pero también que desde el delito se puede llegar al poder, es lo que lucra para la corona, es lo que convierte a una idea en un sistema recaudatorio de acumulación,  es el epílogo de la revolución imaginaria, es lo que siempre se impone y lo que ya no fluye”. Enumeran anécdotas omitiendo desastres, dividen al peronismo orgánico del kirchnerismo todopoderoso y mantienen una charla sin cortes comerciales y con niveles de culpa similares a una disertación de dos suizos sobre el calentamiento climático.

21:30. Pasa. Sorteo del Quini 6. Menem y Asis aguardan 15 minutos en la sombra a la espera de la emisión de un sorteo que duplica en rating al intercambio turco. Sale el Quini Tradicional. Menem pide ir al baño. Sale la segunda, el Quini revancha, Asis se acomoda la corbata verde esmeralda. Sortean el Siempre Sale. Menem vuelve del baño. Sale el Pozo Extra. “Venimos”, se escucha por la cucaracha. ¿Cómo continuar una charla sobre peronismo atravesada por el azar? “¿En que estábamos?, pregunta Asis. Ah, sí, en la autocritica. Cuando no hay movilidad social, a veces la corrupción es el único método inexorable para el escalamiento. ¿Qué otra manera de ascender hay?

  • Ganarse el Quini, sentencia Menem.

 

El señor de los pupilos

Detrás de la fuente de ángeles romanos, un puñado de hombres de sobretodo gris  y paraguas negros recita “Fuga y Misterio”, de Astor Piazzola. Ante el desconcierto de la viuda, algunas damas del Jockey Club, viejas amigas de Punta del Este, algunos periodistas y la cámara de Crónica TV, un valiente admirador interpreta una versión libre y sentida, tarareando sus melodías  y articulando los fuelles sacando trompita: “Paparaparapararaparapabam”. Aplauso cerrado pero breve. Debajo de todo eso, está Bernardo Neustadt, convenciendo a los ángeles que no lo dejen solo en el Parque Memorial de Pilar.

La lapida reza “el hombre que ayudo a pensar”. El chico que se quedaba encerrado los fines de semana en el San Vicente de Paul y vivió obsesionado con la soledad, la vejez y la muerte estará solo para siempre. El pibe que trabajó como lechero y farmacéutico para ser periodista y el cínico que contribuyó como pocos a ganar la batalla ideológica del terror para dejar de serlo murió el 7 de Junio, el día del periodista. Algunos afirmaron que debió haber muerto el día del lobbista, luego recordaron que se les quemaba el asado y tuvieron que pedir empanadas. El hombre  que acusó a los progresistas argentinos de querer un Papa rockero con arito fue el que inventó a Doña Rosa para justificar el desguace del Estado. El tipo que desde la revista Racing creó los  puntajes los jugadores al terminar un partido, siguió calificando la República con aplazos. Ahora está ahí, mirando zapatos y tacos azules, convenciendo al infinito que no lo desaparezca.  El tipo que no comprendía por qué si estábamos ganando una guerra íbamos en busca de la paz fue el mismo al que no le alcanzó ni Alfonsín ni el preámbulo porque no eran el tiempo nuevo.

A los 14 años ingresó a la sección deportes del diario El Mundo. El mejor comunicador de los últimos 50 años hizo su primera cobertura en Paternal: Argentinos – Talleres, por 50 centavos la hora y ni siquiera se la publicaron. Escribió la historia del peronismo para que no la musiten otros, lo entendió como esa hoguera que abraza, incendia y devora. Después usaría la misma definición para repasar su vida pero jamás para nombrar al Pac Man de los intocables. El ostracismo de Perón coincidió con su auge como chamán de todos los rincones de la política. En 1960, a los 35, llegó a la radio. En 1964 debutó con Tiempo Nuevo y fundó la revista Todo. En 1965 creó el semanario Extra. En 1975 y hasta el retorno de la democracia escribió también en la revista de negocios “Creer”. Se preguntó con habilidad por qué en Argentina el espejo retrovisor es más grande que el parabrisas. Ante la falta de respuestas, ofició de fiscal moral y umpire de las buenas costumbres.

El tipo que entrevistó a Yasser Arafat,  Mijail Gorbachov, Juan Domingo Perón, Charles De Gaulle, Felipe González, Osvaldo Soriano y Arthur Miller para interpretar el ser nacional, entendió a los argentinos como plomeros en un consultorio analizando una tomografía computada.  Enemigo de las emociones y de las cosas simples, no administró los conflictos: formó parte de lo que pasaba. Siempre desde la mesa del mal, siempre desde la cabecera, siempre firmando al pie. Ese que presentaba a los auspiciantes de tiempo nuevo como protagonistas del futuro fue el mismo al que los “muchachos” de Entel le rompieron dos costillas por hablar a favor de un modelo económico, ese que ante la demolición privatista se pronunció a favor de capitalismo social, no salvaje. No se pudo reciclar desde ahí, cuando dejo de influir, dejó de ser. Sus juicios duraron un poco más y es natural: la idea de Papa Noel siempre persiste más allá del tipo que se disfraza de Santa en el patio de comidas del shopping.

Martes 5 de Septiembre de 1993. 22 horas. El jefe de piso pide silencio por última vez. Fuga, misterio y goleada. Neustadt preguntá como es posible que Colombia nos meta 5 goles de local. Pantalla partida. De un lado, Sanfilippo con corbata azulgrana y ambo negro tiene la palabra solo para humillar a Goyochea, el arquero de la desgracia, que aguarda del otro lado con un saco mostaza y una mirada perdida. Neustadt disfruta y pida que se abra el plano. Sanfilippo denuncia que 4 de los 5 goles fueron al mismo lado y empieza a disecar al gran Goyco: “Te comiste todos los amagues, nene”. Neustadt le da el pase a Hugo Gatti quién llegó solo para pedir que el portero deje el futbol. El encendido llegá a picos de 30 puntos. Goyco no reacciona. El Beto Alonso, quien está a su lado, le sirve otra copa de agua. Bilardo aguarda fuera de cámara para cagarse a trompadas con la vieja gloria de San Lorenzo. Lo invitan a pasar. Cambia los golpes por conceptos y ejecuta curiosa defensa del arquero: “Va a ser el 1 del mundial y va a clasificar, sino se tiene que vestir de árabe e irse del país”. Comunicación telefónica con J J Borelli, quien no puedo asistir al programa porque su señora estaba por dar a luz, banca a la selección Nacional insulta a Sanfilippo y corta al instante. Ese respaldo activa a Bilardo quien le ordena a Goyco que se pare y se retire “por dignidad”. Neustadt propone un corte no sin antes repasar la goleada bajo el OFF y la crítica de Sanfilippo quien por cuarta vez elogia al “pibe” Valderrama.

Una vez más, ganó Neustadt

Neustadt, ese que no supo retirarse a tiempo y terminó acorralado por los caprichos de los canales de cable. Ese que definió a una madre como la caja de ahorro que te permite marchar sobre el mundo y los abrazos que nunca recibió como la imposibilidad de avanzar sobre uno mismo. Ese que a los 21 años le escribió una carta a todos los Jefes de Estado del  Mundo e iba al correo todas las semanas a ver si obtenía respuesta. Ese al que denostan todos los programadores por sostener el mismo cinismo durante 50 años mientras pasan la repetición del Zorro y se masturban con el sargento Garcia.

25 de abril de 1995. 22:10. El general Balza pronuncia en tiempo nuevo la “Autocrítica del Ejercito”: “Quiero decirles como jefe del ejercito que asegurando su continuidad histórica como institución de la nación, asumo nuestra parte de la responsabilidad de los errores entre argentinos. Asumo toda la responsabilidad del presente y toda la responsabilidad institucional del pasado. Las disculpas duraron 22 segundos: Menem, Neustadt y la audiencia se enteraban al mismo tiempo una decisión que se iba a verbalizar el 29 de Mayo, día del ejercito, pero que Balza adelantó motivado por sus asesores.
Neustadt, otra vez tenía la primicia.

Ese tipo al que el presidente Jose Maria Guido lo sacó de la cama para escribir un discurso clave en un momento de incertidumbre general que terminó pronunciando sin cambiarle una sola coma. Ese que pronosticó que la sociedad había tomado conciencia que estaba en una miniatura de guerra Civil durante un gobierno democrático. Ese que con 30 puntos de rating dijo que a los golpistas los había fabricado el gobierno porque los militares no deseaban el poder, el vacío de poder los buscaba ellos. Ese que 2 años después y con 32 puntos de encendido preguntó por primera vez en la TV Argentina “¿sabe usted que está haciendo su hijo en este momento?” Ese que 13 años más tarde y liderando la grilla con 4 millones de espectadores, desarmó un teléfono en vivo y en directo para demostrar que ni en los cables ni en el tubo estaba la Patria, La Nación y La Soberania y así hablar a favor de las privatizaciones. Con sofismas, inexactitudes y enunciaciones breves y efectivas, Neustadt fabricó el mito de la mayoría absoluta para gambetear la realidad con la complicidad del espanto pero también con el apoyo de una generalidad que creyó más en sus muletillas que en las Instituciones. Entonces, ¿dónde dejamos a Neustadt? Ese vampiro que interpeló como nadie esa parte del cerebro que pretende ser Federer, cupido de ese romance que algunos hombres entablan con el diablo, cambiando alma por suerte, y dejando que en ese espacio en forma de U detrás de los ojos se forme una sociedad anónima. S.A. Sociedad Anónima o Sin Alma. Los polemistas no tienen alma. Tienen enemigos. Casi todos legítimos. Acumulan polémicas, no moral. Tal vez hizo todo para que apretemos al botón correcto en el flyper equivocado.

30 de abril de 1995. Mario Firmenich se sienta en la mesa de Tiempo Nuevo y confiesa que el secuestro y asesinato de Aramburu fue una medida que no decidió Montoneros, sino el pueblo, pero que la agrupación la había ejecutado. “La violencia de abajo versus la violencia de arriba es violencia justa”. Las contradicciones de Perón quien declaró que la violencia engendrada por el pueblo no era violencia sino un acto justicia, lo asistían en el error. 5 años más tarde, y en una manifestación por la memoría de Carlos Mujica, el pueblo lo escrachó y le pidió que se vaya.

Neustadt era la escenografía en donde todos buscaban decir lo suyo. Fue lo peor en un tiempo en que lo peor tenía tanta influencia como estilo. Los esquemas reaccionarios persisten sobre estructuras vencidas y los contrapuntos recitan discursos que no los necesitan para ser pronunciados. El dueño de todos los venenos que construyó una mirada permeable a todos los momentos e intercambió escamas con el camaleón que habita detrás de la Patria fue también EL SEÑOR DE LOS PUPILOS. Para ellos, Neustadt no es una referencia pública, pero si un destino que habitan. Como doble de cuerpo: Bernócratas que juegan al poker con Rene Lavand, hacen trampa y encima no adivinan el truco, solo intuyen una mala imitación de cuero rumano. La crítica no trajo ninguna versión superadora, diagnostico con énfasis donde NO, pero jamás encontraron el TEMPO de la sensatez. Por incapacidad y no por elección, nadie lo hará mejor: Filtraran desde las mismas soledades, se dirigirán al pueblo de la mala memoria y trabajaran para “las empresas a las que le interesa el país” pero con menos talento. Neustadt fue continuado por aquellos que estimulan el fuego tras denunciar que escriben sobre el agua solo para que la audiencia compre la mayonesa, pero ese será su hit definitivo: la mayonesa en la heladera.

Varios colegas abandonan la parcela de Bernardo con excepción su hermano, ex socio y compañero de Tiempo Nuevo quién quedó acariciando el cajón hasta el final, llorando como un niño al lado de lo irremediable: “El no eligió el periodismo, el fue elegido por el periodismo. El no eligió la Argentina, fue amado por la Argentina. Eso refleja una vocación y seguirá con todos los que lo conocimos y es también un mandato al que le debemos nuestra respuesta”. Lo dijo Mariano Grondona. Más aplausos, más Paparaparapararaparapabam. Otro compañero toma la palabra, al parecer lo tarareado no era suficiente homenaje y arroja palabras sueltas al aire: “Tinta, papel, micrófono, madera, fútbol, yunque, madera, ideas, Bernardo, adiós”.
Miradas perdidas.
Alguien tose.
Silencio.
Otro tiempo nuevo.

 

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