Barrio Gaona

La mañana en Barrio Gaona es fría y bulliciosa. Los vecinos corren en busca de su obra maestra a las terrazas compartidas: Cientos de broches ondeando mamelucos inmortales y un par de medias que no se pueden blanquear.

A veces correr con ojotas es una manera de disfrutar de la primera brisa de la reposera.La moraleja esta en el grito del que se queda, no del que se va.

El barrio no es de un tiempo a esta parte, allí permanece cuando llega la hora. El barrio no abrevia. Por eso a veces, resulta tan inabordable.

El olor de la escondida, a las bolitas de leche que aún perduran entre macetas y al asfalto que estalla en el olvido del municipio, son ese destino histórico que hablaban los profetas del almacén, cuando intuían, entrecortados, que las cosas estaban decididas desde siempre.

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Hombres que pugnan entre el olvido de los hijos y lo que segrega los bizcochos de la tía, que hoy no está en casa. A veces llorar anís es lo único que les queda para vivir sin remordimiento.

En el barrio la gente no sale al mundo en busca de la rehabilitación, sale a buscar un helado. Tienen vecinos de una Italia que ya no existe, que se prestan despertadores para ganarse cada rayo de sol.

Nadie decide ningún movimiento destemplado….

como un pañuelo de tela al que todavía le queda un lado limpio.

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Aquí pueden cantar las aves, porque comprendieron que el dolor del cielo no les pertenece.

Aquí, los médicos que se reciben son de todos. Es el barrio que triunfa ante el infinito, que no es más que la adversidad del que sabe que esta difícil. El otro es lo mejor de uno, eso los hace Jerusalén.

El barrio perdió a Manuel, tintorero, curador de empachos y partero ocasional. En silencio, empapan la iglesia de intenciones en voz baja, así es la vergüenza del respeto, del dolor que cruza el barro y termina ahí.
Treparse a lo mejor de si mismo es cruzar la medianera para llevarle un budín a María. Maravillosa certidumbre del cueste lo que cueste.

Ahora sé que cuando Don Sergio le construyo la casa a todos los hermanos, había comprendido el universo: Cerquita, al día, donde nunca nos prometemos nada.

La lluvia no solo es una confesión, sino la llegada

de los hijos. En ese patio de música de radio y la parra de

siempre, se secan lo que pesa en busca del te

hirviendo, el mejor del mundo.

Facundo Pedrini

Licencia Creative Commons
Barrio Gaona por Facundo Pedrini se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://luzdepatio.wordpress.com/.

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