Loco por salvarse

Loco por salvarse

1980. Terminal. 7 AM. Rutamar a Buenos Aires. Atrás, el petróleo, el pescado, el mar y las calles en donde los hombres se estrechan la mano porque siempre están llegando a un lugar conocido. A “su” frío. Es que la gente que habla desde los bordes, siempre tiene algo para decir.

Carlitos, ¿de qué te estás despidiendo?,¿del reclamo?,¿de las rubias del 3?, ¿de las cenizas no resueltas?. Ese joven que solo quería llevarse las cucharitas de azúcar de la abuela Eugenia: Esa mujer que creyó en vos cuando eras un sietemesino mal soldado y te entendió como milagro antes que como persona.

Elegís ventana, porque el pasillo quiere piel, quiere mate, quiere tener el baño cerca, quiere poder pispear a la chica que se subirá con una guitarra en Trenque Lauquen. Vos no. Vos querés mirar hacia allá, hacia el mundo con todas las caras posibles, hacia la luz que nos salva de los reflectores.

Guardas en la billetera una de las postales de Comodoro que vas a mirar para reencontrarte con Fido, para aceptarlo como la Patria que, en algún lugar, siempre estará esperándote.

Vas en busca de la soga que interpreta todo porque necesitas sentir más palabras por día, decir más frases por metro cuadrado: Explicarle a la gente que vale la pena, que antes del precipicio hay un manto para convencernos que el bien es mayoría.

Naciste para hablar, en una generación que tuvo que callar. No te alcanzan los formularios, ni las listas de los mandados, ni las cartas con los mismos tragos. En el fondo, sabes que a veces el origen nos obliga a ser precisos porque no quiere abrir más huecos, no quiere más dolor.

Y ahí estás, con un abrigo lleno de rombos y casualidades, viviendo una de sus tantas mudanzas. En una perfecta asociación con el misterio. Para poblarte, para acosarte en subidas y bajadas que interpretás como nadie para gozar el constante movimiento de la vida porque en algún momento habrá que parar y pensar a la curva.

Pedrini siempre necesitará más, eso es inevitable.
Es una cuestión de sentido común.
El ritmo será lo que todavía no llegó.

Olivos, Morón, Barrio Gaona, Bernal, Quilmes, Caballito, San Cristóbal.
7 barrios
7 testigos

7 colores

7 bendiciones

7 intenciones.

7.

Destruir y construir…

13.777.770

Pero tu documento no termina en 7, finaliza en 0.

En el origen del principio.

En la cuna del sol.

En el primer hombre.

En la búsqueda de la verdad, en el pan negro de la primera sobremesa, en la
bendición en silencio y en el rio de los 2 corazones: Uno habita en vos, el otro funciona en nosotros.

El primer dato de sabiduría es saber quién es el que sabe.

Por eso amaste a Dios antes que a vos mismo.

Por eso no sos neutral y nunca vas a hacerlo.

Por eso, tu emoción te exige como requisito inaplazable definirte.

Por eso el poncho. Por eso Alende.
Por eso las monjas.
Por eso la camisa de jean abierta en el fondo de Barrio Gaona.
Porque definirse es conmoverse.
Sin tu emoción no hubieses llegado a ningún lado.
Por eso necesitas a Sandrini, a la Coca, a Pinocho, a Britapaja, a Landriscina, a Karadagián más que a Borges.

Porque Borges fue el mejor jugando a ser otros, pero no fue feliz.

Y Vos sos más vos que nadie.

Facundo Pedrini

Licencia Creative Commons
Loco por salvarse por Facundo Pedrini se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://luzdepatio.wordpress.com.

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