Pasajeros en trance: De Charly Garcia a Primera Junta

¿Quién se baja? El hombre parado en el medio del colectivo de la línea 1, agazapado observa muecas, gestos, zapatos nerviosos y el sudor contenido de los beneficiados del asiento. El intercambio de miradas entre los que aguardan es siniestro. Todos especulan como en los silencios previos al fin de la música en el juego de la silla. Esperan esa señal de Vietnam que los haga volver a sentir las piernas.
Solo queda la intuición de espacio: un viejo con 2 bolsos repletos de ropa presiona uno de los cierres, seguro que se baja en la terminal de Liniers. La señora abre la ventana y ante la ausencia de aire, se refresca con un abanico de la virgen del Rosario. ¿Irá a la iglesia de Flores?
El muchacho de lentes pasa con vehemencia las hojas de libro de Florencia Bonelli, tal vez se haya pasado. Toser es la única manera de despabilarlo (si no se baja por lo menos que deje esa sopa de letras).La piba llena de aros y remera con la cara de Jagger pero con la historia de Miguel Mateos se reclina sobre su ventana: No bajará hasta Primera Junta.

018
La gente con auriculares es imprevisible. Tiene la actitud de alguien que todavía debe atravesar toda la provincia de La Pampa sin aire acondicionado.
Los más crueles defienden los asientos como si fueran el último trago de licor antes de la ley seca. Nadie los alejará del lugar ganado, es una suerte de propiedad privada ocasional.
Otra mina agarra la cartera. Falsa alarma, solo saca el espejo y un pintalabios: para el recorrido, la coquetería es todo un mérito. El valor estético de los involucrados es depravado: Somos neandertales corriendo alrededor de Robespierre cambiando fuego por poesía.
Un celular suena, la adolescente pregunta: “¿Dónde me bajo? ¿ya me pase?”.
Las hienas se abalanzan hacia el nuevo lugar vacio.
“Ok, entonces sigo, beso pa”. Que turra, jugar al GPS con la emoción de la gente.

019

Una pareja de enamorados toma la formación en Haedo con un par de bolsas del lavarrap, al parecer ella tiene escoliosis. No son competencia, tienen que respetar la antigüedad del primer tipo que no encontró asiento y después vengo yo.
En Villa Sarmiento, se sube un periodista desgarbado, con las manos temblando y la cara de alguien que acaba de enterarse que Cristo ha resucitado en Hollywood, pálido se acurruca en el espacio vacío para discapacitados. No molestará hasta que le digan que terminó.
En Liniers se sube una señora de panza dudosa. ¿Estará?. “Antes de los 4 meses, no es tragedia”, una parte de mi consuela al cristiano errante. “Sos un hijo de puta, quedate con la duda pero no con la culpa”: siempre pierdo contra el correlato civil. Al fin de cuentas, tiene prioridad porque lo dijo Perón.
Un puñado de adolescentes mira de lado a lado. Parecen ser la única esperanza. Se bajarán en Flores, como todo individuo en busca de problemas con la justicia. Una octogenaria saca el boleto. Nadie se percata. Pido el asiento y un turista con olor a pis de gato obedece.
Una pelirroja coloca el señalador sobre el final del capítulo, flexiona las rodillas más de lo normal, mira a la pizzería espejada, saca la agenda, arranca una hoja y la tira por la ventana: malas noticias, no se baja. Al parecer, a veces el recuerdo a veces viene en forma de faina.

020
Mi antecesor en el turno se acerca a hablar con el chofer, quién le indica que la dirección que busca está a 2 cuadras de la plazoleta que viene. Ahora soy prioridad, junto a la chica de panza dudosa de la que solo yo me percato. La dama se baja en Floresta, dando un salto hacia la calle: fallé. No era gestación, era cerveza.
El límite es claro: solo con un bastón de 3 patas, un ACV reciente o dializado van a poder adelantarse a mi chance.
Una rubia del asiento doble empieza a jugar con las llaves. Toma su mochila llena de tachas y se va. Timbre. Gloria. En ese momento, Helena de Troya del barrio de Floresta, con el pelo recién lavado y en pose de bibliotecaria inexperta, saca la sube y pide el mínimo.
Me hace ojitos y le cedo el asiento vacío.
Nunca nadie va a poder describir como el corazón de un hombre se agiganta en ese cruce silvestre de miradas. Todas las cloacas de la vida se convierten en azúcar de postre. En esos 20 segundos reside un vínculo más sagrado que la eternidad: la posibilidad (o el inicio de un “veo veo”).
Después del hechizo, uno vuelve al llano y los calambres pero con los cachetes pícaros, confidentes de lo que no fue.

Rivadavia al 5700. Se desocupa la mitad del colectivo, en 3 cuadras habrá que bajar y danzar el ritual del peatón. Me siento a esperar la escalera mecánica que aguarda afuera mientras reposo.

Al bajar, me pierdo entre la gente esperando que se acabe el saldo.
EL VIEJO TRUCO DE ANDAR POR LA SOMBRA

Facundo Pedrini
Licencia Creative Commons
Pasajeros en trance: De Charly Garcia a Primera Junta por Facundo Pedrini se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://luzdepatio.wordpress.com.

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2 pensamientos en “Pasajeros en trance: De Charly Garcia a Primera Junta

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