El basilisco de la estación

Viaje por el tren con mayor cantidad de usuarios vencidos.

“El hombre ha nacido para morir.¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar. Esperar el colectivo. Esperar un par de tetas alguna noche de agosto en un cuarto de hotel en Las Vegas. Esperar que canten los ratones. Esperar que a las serpientes le crezcan alas. Perder el tiempo”

Charles Bukowski

Moreno. Inicio y fin. Todo es de verdad, el personaje, el cuter y la cal en los labios. El vino al mediodía abre dos opciones: salir a matar o dormir la siesta. Olor a pan recién hecho, equipo de música con los clásicos que baila la generación de azulejos rotos y en marcha. Joven manos de tuquera. Paso del Rey es una localidad que sobrevivió al remate de toda su obra. Con una pizca estanciera está llena de barrios que no e hablan entre sí y se pelean por la brocha de afeitar del abuelo labrador. En Merlo mataron a Aquiles. Hay oportunidad mientras haya ruido. Capuchas que flotan murmuran un extraño acento medieval.

Padua es astuta, se aprovecha de una viejita Avenida Rivadavia y hace lo que quiere: le ensucia la ropa, le usa el celular, le envidia su altura y le roba la luz. Todo es incierto a dos cuadras. Ituzaingó, el acento que el mundo no comprende. Un paso a nivel testigo de los mejores besos de la historia del otro lado de la comodidad residencial de las cosas con parque de perros de raza.

Castelar cree que merece más de lo que tiene. Allí desembarcan los chicos con camperas fluorescentes y mujeres con rimel marilynmonreano para transitar la pecadora Avenida Santa Rosa.

Morón es una estación de mujeres de costumbres elásticas, adictas a las galerías de ropa y picnics con entidades bancarias, pero también la primera en conseguir DVD´s artesanales que todavía no se terminaron de filmar.

026

Haedo es el hijo de padres separados que se tapa los odios cuando estos se gritan por la mensualidad. Una transición entre dos localidades celosas. Se hizo conocida por un incendio aun no esclarecido y un hospital con pasillos llenos de rock. Ramos Mejía es la cumplañera de 15 , que tiene el mejor vestido de la fiesta, pero sigue siendo menor. Un puñado arroja piedras y escupitajos sobre el vagón o solo para que se lleve el perfume de lo que no llegó a tiempo. El presentismo y el ayuno son tumores en los que uno repara cuando se resigna a ser el héroe que soñó a los 8 años.

Ciudadela y la desolación de los puestos cerrados. Alguien nos hizo perder el apetito callejero. Las persianas más bajas que nunca, la estación en silencio y el reflejo de la patrulla distante disimulan la tristeza del perro de la estación, bautizado por miles, acariciado por cientos, pero sin ningún dueño a quien comerle las pantuflas.Liniers es una embolia cerebral. La gente se tortura con picanas en formas de brazos para entrar primero. No hay condiciones, no hay vejez, no hay principio, no hay embarazadas, no hay costados. Es la estación sin amor.

Villa Luro parece siempre en construcción. Como si una matanza de albañiles la hubiese dejado sin terminar por motivos de presupuesto. Las cuentas pendientes habitan en sus escaleras. No hay molinetes. Nadie sube. Solo un pool cercano indica que pasa algo al sonar a vidrio. Ruidos de disparos y cartuchos que trasnochan tras los toldos de la miseria, indican que los barrios no se pueblan en las calles principales.

Floresta, lácteos, pintadas, mueblerias y fútbol. Casas con la silla en la puerta respaldada por el mate y las facturas. El hombre con su hogar cuidándole la espalda, atemporal, sideral desde la primaria. Los vecinos muestran al barrio con orgullo. Para ellos no hay identidad sin pertenencia.

Flores. Crisol. Tierra de palizas, agite y tensión entre parcialidades tristes. Unas pelean por el miedo a sentir después de la jarra, otras porque les enseñaron que a los costales había que golpearlos sin preguntar. Mercería barata sobre la plaza, “puestos” de puestos y un mural gigante que ilustra la estación en donde sobran los faroles apagados.

Caballito y la mirada de Ferrocarril Oeste como guardián del sitio más lindo del recorrido. Al club solo le queda la simpatía de la gente que recuerda lo que fue y las vendas con sangre del “Beto” Márcico que conservan como el lienzo de Edesa. Las mujeres vuelven a tener ese perfume que convierte en rata a cualquier individuo que se sienta capaz de olerlo. Ángeles con el pelo mojado que no pagan boleto, cruzan los molinetes celestiales y bajan y suben del vagón provocando 30 mil pensamientos por minuto.

El recorrido debería terminar en el olor a nuevo de los vagones con aire acondicionado, pero la tragedia ya no se maquilla después de primera junta. Todo es más crudo e inexplicable cuando se ven los primeros asentamientos de familias que encuentran en las vías lo que el asfalto les negó. Eso es lo que pasa cuando los sueños se convierten en armas de fuego, para ellos tampoco hay freno.

Del 1 al 10 se encuadran las valoraciones del hombre,
ONCE es el roedor que tiene atrapado detrás de los ojos
y le da instrucciones para matar

Ilustración Manuel Marsol
http://www.manuelmarsol.com/

Facundo Pedrini

Anuncios

Un pensamiento en “El basilisco de la estación

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s