Los hinchas de Racing no creemos en Freud

  • Bienvenido, contame ¿qué te pasa?
  • Soy hincha de Racing

 

En el 2013 cambie 4 veces de terapeuta pero todas las sesiones tenían el mismo inicio. No era la degeneración del espíritu, ni lo no resuelto, ni lo acumulado en las velas, ni haber salido unos meses con un poster de Beatriz Salomón. No. Mientras el analista de turno quería avanzar sobre el triciclo y los pitucones, todo empezaba y terminaba en Racing como medida de todas las cosas. Así, “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser” se verbalizaba en un centro sin destino de Pillud.

Todos los dramas tenían un número en la espalda que hacía que mi estado de ánimo fuese lo que acontece entre la tabla de posiciones y la próxima fecha. Probé con terapeutas femeninas y me hablaron de Kant y la dignidad, pero solo para consolarme cuando se perdía de local. ¿Cómo explicarle que en el cilindro todo lo que pasa más allá del alma es mentira?, ¿que no hay saber canónico en la palangana de agua caliente en la que se enjuagan las camisetas firmadas? Las charlas terminaban con ataques de pánico y con pedidos desenfrenados de reintegro de la obra social cuando se sugería que la fascinación por los colores tenía que ver con ese olor a metal que tienen las derrotas inexorables. Hubiese preferido que me diagnosticara Edipo para siempre.

milito

Esos encuentros interminables dejaban siempre una pregunta a la altura del pecho: ¿qué queda para el hincha de Racing si desaparecen las frases? “Tenes que salir campeón, este es el año”, se gritaba en forma de edicto, “este año no me podes fallar”, maldita orden incumplida de un equipo que jugaba como nunca y perdía como siempre.

Al año siguiente la espera terminó, como ese bañero que tiene el record de sacar del mar a 11 ahogados en un sábado de carnaval, Milito llegó a Racing para salir campeón. Los fanáticos de Freud se quedaron sin consejos útiles para enhebrar un buen cuento. Pasaron los domingos y las paredes del consultorio adoptaron forma de red; ahí comprendí que lo dramático no eran los goles recibidos sino la desaparición física del arco de enfrente, que no es más que la pelea por estar cerca del deseo. Milito es esa pelea entre las ganas de justificarse y el vértigo de ir a buscar la goleada. Fueron 19 fechas y 19 sesiones, en donde él y yo lo dejamos todo. Los diagnósticos no escriben palabras superpuestas, Racing sí. Milito corre al último banderín para abrazarse con Centurión y los utileros. Es una mancha azul en la superficie de la luna. 22 veces, 22 tiempos verbales y todos terminados en Dios.

Las charlas con mi terapeuta se intensificaron en diciembre: ¿cómo festeja un hincha de Racing? ¿Se vuelve niño? ¿Rompe el obelisco? ¿Les hace el amor a todos los ángeles a los que se encomendó? ¿Brinda por el bombo que estalló en la frente de Lalin? ¿Grita la palabra “papá”? Los hinchas solo tiran de la cuerda de la recepción: a veces sale una bandera, otras veces una quiebra. La distancia que existe entre Milito y el área chica es la misma que existe entre el sillón mullido y la última caída de la bicicleta. No hay nada más arriba que el grito.

 

  • Estoy preocupado doctor, cuando lo nombro hablo en pasado
  •  Lo que te pasa se llama DUELO. Hace un par de años atendí a un paciente que tenía el mismo problema que vos pero con el hermano, ese que jugaba en Independiente, de central. Después del shock y de la rabia viene la negación.
  • ¿De qué negación habla? Si Milito hay uno solo

 

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Gracias INFOBAE por levantar la nota “Milito hay uno solo”

http://www.infobae.com/2016/05/22/1813405-milito-hay-uno-solo

 

 

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