El señor de los pupilos

Detrás de la fuente de ángeles romanos, un puñado de hombres de sobretodo gris  y paraguas negros recita “Fuga y Misterio”, de Astor Piazzola. Ante el desconcierto de la viuda, algunas damas del Jockey Club, viejas amigas de Punta del Este, algunos periodistas y la cámara de Crónica TV, un valiente admirador interpreta una versión libre y sentida, tarareando sus melodías  y articulando los fuelles sacando trompita: “Paparaparapararaparapabam”. Aplauso cerrado pero breve. Debajo de todo eso, está Bernardo Neustadt, convenciendo a los ángeles que no lo dejen solo en el Parque Memorial de Pilar.

La lapida reza “el hombre que ayudo a pensar”. El chico que se quedaba encerrado los fines de semana en el San Vicente de Paul y vivió obsesionado con la soledad, la vejez y la muerte estará solo para siempre. El pibe que trabajó como lechero y farmacéutico para ser periodista y el cínico que contribuyó como pocos a ganar la batalla ideológica del terror para dejar de serlo murió el 7 de Junio, el día del periodista. Algunos afirmaron que debió haber muerto el día del lobbista, luego recordaron que se les quemaba el asado y tuvieron que pedir empanadas. El hombre  que acusó a los progresistas argentinos de querer un Papa rockero con arito fue el que inventó a Doña Rosa para justificar el desguace del Estado. El tipo que desde la revista Racing creó los  puntajes los jugadores al terminar un partido, siguió calificando la República con aplazos. Ahora está ahí, mirando zapatos y tacos azules, convenciendo al infinito que no lo desaparezca.  El tipo que no comprendía por qué si estábamos ganando una guerra íbamos en busca de la paz fue el mismo al que no le alcanzó ni Alfonsín ni el preámbulo porque no eran el tiempo nuevo.

A los 14 años ingresó a la sección deportes del diario El Mundo. El mejor comunicador de los últimos 50 años hizo su primera cobertura en Paternal: Argentinos – Talleres, por 50 centavos la hora y ni siquiera se la publicaron. Escribió la historia del peronismo para que no la musiten otros, lo entendió como esa hoguera que abraza, incendia y devora. Después usaría la misma definición para repasar su vida pero jamás para nombrar al Pac Man de los intocables. El ostracismo de Perón coincidió con su auge como chamán de todos los rincones de la política. En 1960, a los 35, llegó a la radio. En 1964 debutó con Tiempo Nuevo y fundó la revista Todo. En 1965 creó el semanario Extra. En 1975 y hasta el retorno de la democracia escribió también en la revista de negocios “Creer”. Se preguntó con habilidad por qué en Argentina el espejo retrovisor es más grande que el parabrisas. Ante la falta de respuestas, ofició de fiscal moral y umpire de las buenas costumbres.

El tipo que entrevistó a Yasser Arafat,  Mijail Gorbachov, Juan Domingo Perón, Charles De Gaulle, Felipe González, Osvaldo Soriano y Arthur Miller para interpretar el ser nacional, entendió a los argentinos como plomeros en un consultorio analizando una tomografía computada.  Enemigo de las emociones y de las cosas simples, no administró los conflictos: formó parte de lo que pasaba. Siempre desde la mesa del mal, siempre desde la cabecera, siempre firmando al pie. Ese que presentaba a los auspiciantes de tiempo nuevo como protagonistas del futuro fue el mismo al que los “muchachos” de Entel le rompieron dos costillas por hablar a favor de un modelo económico, ese que ante la demolición privatista se pronunció a favor de capitalismo social, no salvaje. No se pudo reciclar desde ahí, cuando dejo de influir, dejó de ser. Sus juicios duraron un poco más y es natural: la idea de Papa Noel siempre persiste más allá del tipo que se disfraza de Santa en el patio de comidas del shopping.

Martes 5 de Septiembre de 1993. 22 horas. El jefe de piso pide silencio por última vez. Fuga, misterio y goleada. Neustadt preguntá como es posible que Colombia nos meta 5 goles de local. Pantalla partida. De un lado, Sanfilippo con corbata azulgrana y ambo negro tiene la palabra solo para humillar a Goyochea, el arquero de la desgracia, que aguarda del otro lado con un saco mostaza y una mirada perdida. Neustadt disfruta y pida que se abra el plano. Sanfilippo denuncia que 4 de los 5 goles fueron al mismo lado y empieza a disecar al gran Goyco: “Te comiste todos los amagues, nene”. Neustadt le da el pase a Hugo Gatti quién llegó solo para pedir que el portero deje el futbol. El encendido llegá a picos de 30 puntos. Goyco no reacciona. El Beto Alonso, quien está a su lado, le sirve otra copa de agua. Bilardo aguarda fuera de cámara para cagarse a trompadas con la vieja gloria de San Lorenzo. Lo invitan a pasar. Cambia los golpes por conceptos y ejecuta curiosa defensa del arquero: “Va a ser el 1 del mundial y va a clasificar, sino se tiene que vestir de árabe e irse del país”. Comunicación telefónica con J J Borelli, quien no puedo asistir al programa porque su señora estaba por dar a luz, banca a la selección Nacional insulta a Sanfilippo y corta al instante. Ese respaldo activa a Bilardo quien le ordena a Goyco que se pare y se retire “por dignidad”. Neustadt propone un corte no sin antes repasar la goleada bajo el OFF y la crítica de Sanfilippo quien por cuarta vez elogia al “pibe” Valderrama.

Una vez más, ganó Neustadt

Neustadt, ese que no supo retirarse a tiempo y terminó acorralado por los caprichos de los canales de cable. Ese que definió a una madre como la caja de ahorro que te permite marchar sobre el mundo y los abrazos que nunca recibió como la imposibilidad de avanzar sobre uno mismo. Ese que a los 21 años le escribió una carta a todos los Jefes de Estado del  Mundo e iba al correo todas las semanas a ver si obtenía respuesta. Ese al que denostan todos los programadores por sostener el mismo cinismo durante 50 años mientras pasan la repetición del Zorro y se masturban con el sargento Garcia.

25 de abril de 1995. 22:10. El general Balza pronuncia en tiempo nuevo la “Autocrítica del Ejercito”: “Quiero decirles como jefe del ejercito que asegurando su continuidad histórica como institución de la nación, asumo nuestra parte de la responsabilidad de los errores entre argentinos. Asumo toda la responsabilidad del presente y toda la responsabilidad institucional del pasado. Las disculpas duraron 22 segundos: Menem, Neustadt y la audiencia se enteraban al mismo tiempo una decisión que se iba a verbalizar el 29 de Mayo, día del ejercito, pero que Balza adelantó motivado por sus asesores.
Neustadt, otra vez tenía la primicia.

Ese tipo al que el presidente Jose Maria Guido lo sacó de la cama para escribir un discurso clave en un momento de incertidumbre general que terminó pronunciando sin cambiarle una sola coma. Ese que pronosticó que la sociedad había tomado conciencia que estaba en una miniatura de guerra Civil durante un gobierno democrático. Ese que con 30 puntos de rating dijo que a los golpistas los había fabricado el gobierno porque los militares no deseaban el poder, el vacío de poder los buscaba ellos. Ese que 2 años después y con 32 puntos de encendido preguntó por primera vez en la TV Argentina “¿sabe usted que está haciendo su hijo en este momento?” Ese que 13 años más tarde y liderando la grilla con 4 millones de espectadores, desarmó un teléfono en vivo y en directo para demostrar que ni en los cables ni en el tubo estaba la Patria, La Nación y La Soberania y así hablar a favor de las privatizaciones. Con sofismas, inexactitudes y enunciaciones breves y efectivas, Neustadt fabricó el mito de la mayoría absoluta para gambetear la realidad con la complicidad del espanto pero también con el apoyo de una generalidad que creyó más en sus muletillas que en las Instituciones. Entonces, ¿dónde dejamos a Neustadt? Ese vampiro que interpeló como nadie esa parte del cerebro que pretende ser Federer, cupido de ese romance que algunos hombres entablan con el diablo, cambiando alma por suerte, y dejando que en ese espacio en forma de U detrás de los ojos se forme una sociedad anónima. S.A. Sociedad Anónima o Sin Alma. Los polemistas no tienen alma. Tienen enemigos. Casi todos legítimos. Acumulan polémicas, no moral. Tal vez hizo todo para que apretemos al botón correcto en el flyper equivocado.

30 de abril de 1995. Mario Firmenich se sienta en la mesa de Tiempo Nuevo y confiesa que el secuestro y asesinato de Aramburu fue una medida que no decidió Montoneros, sino el pueblo, pero que la agrupación la había ejecutado. “La violencia de abajo versus la violencia de arriba es violencia justa”. Las contradicciones de Perón quien declaró que la violencia engendrada por el pueblo no era violencia sino un acto justicia, lo asistían en el error. 5 años más tarde, y en una manifestación por la memoría de Carlos Mujica, el pueblo lo escrachó y le pidió que se vaya.

Neustadt era la escenografía en donde todos buscaban decir lo suyo. Fue lo peor en un tiempo en que lo peor tenía tanta influencia como estilo. Los esquemas reaccionarios persisten sobre estructuras vencidas y los contrapuntos recitan discursos que no los necesitan para ser pronunciados. El dueño de todos los venenos que construyó una mirada permeable a todos los momentos e intercambió escamas con el camaleón que habita detrás de la Patria fue también EL SEÑOR DE LOS PUPILOS. Para ellos, Neustadt no es una referencia pública, pero si un destino que habitan. Como doble de cuerpo: Bernócratas que juegan al poker con Rene Lavand, hacen trampa y encima no adivinan el truco, solo intuyen una mala imitación de cuero rumano. La crítica no trajo ninguna versión superadora, diagnostico con énfasis donde NO, pero jamás encontraron el TEMPO de la sensatez. Por incapacidad y no por elección, nadie lo hará mejor: Filtraran desde las mismas soledades, se dirigirán al pueblo de la mala memoria y trabajaran para “las empresas a las que le interesa el país” pero con menos talento. Neustadt fue continuado por aquellos que estimulan el fuego tras denunciar que escriben sobre el agua solo para que la audiencia compre la mayonesa, pero ese será su hit definitivo: la mayonesa en la heladera.

Varios colegas abandonan la parcela de Bernardo con excepción su hermano, ex socio y compañero de Tiempo Nuevo quién quedó acariciando el cajón hasta el final, llorando como un niño al lado de lo irremediable: “El no eligió el periodismo, el fue elegido por el periodismo. El no eligió la Argentina, fue amado por la Argentina. Eso refleja una vocación y seguirá con todos los que lo conocimos y es también un mandato al que le debemos nuestra respuesta”. Lo dijo Mariano Grondona. Más aplausos, más Paparaparapararaparapabam. Otro compañero toma la palabra, al parecer lo tarareado no era suficiente homenaje y arroja palabras sueltas al aire: “Tinta, papel, micrófono, madera, fútbol, yunque, madera, ideas, Bernardo, adiós”.
Miradas perdidas.
Alguien tose.
Silencio.
Otro tiempo nuevo.

 

03

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