El mirador

Guionista de cine, autor de novelas de Ciencia Ficción, acaba de publicar un libro que ficciona la vida de Rodolfo Walsh y prepara la biografía oficial del Indio Solari. El rock de los Sith, el periodismo jopo y la literatura que tutea se unen en las cicatrices de Marcelo Figueras.

Irritar a los dueños de todas las palabras. Pensar en voz alta los sujetos y predicados de la historia a través de un vidrio astillado.

Poner la cámara en los ojos que no sean de consenso.

Escribir sobre putos, chorros, drogadictos y asesinos y no catalizar en los villanos que te ofrece la panera del sistema. La sombra de la tradición ya no habita en Marcelo Figueras, el hombre que decidió escribir con los pies en la palangana porque se lleva mal con el frio.

De héroes y enemigos

El reflector capicúa, la súplica inútil, el disparo a quemarropa, el peón fusilado, el militar asesino, el luchador que intenta cruzar el alambrado, el pibe chorro, el hombre desesperado, el héroe bisexual y el nene que dibuja sangre. Todos clavados sobre en una lógica veterinaria.

Todo tiene pulgas.
Todo tiene sarna.
Todo tiene garrapatas.
Todo es quirúrgico.
Todo tiene cuerpo.

“Siempre hago relatos que intentan pararse desde un lugar incómodo – dice Figueras-, no verbalizar desde una dimensión apta para todos que dinamite a los culpables que no tuvieron opciones. El enemigo público número 1 nunca es el enemigo público número 1”, afirma el guionista de KamchatkaPlata Quemada.

A contrapelo, lejos de las calificaciones que consagran mitos antes de tiempo pero bien conectado con el registro de la memoria, de sus guiones fluye una conciencia orgánica: “Con Kamchatka la sensación era que no había nadie que quisiera leer sobre desaparecidos, por eso teníamos que seducir desde las maneras para lograr la conexión y no tanto desde la historia: así podíamos llegar a la sensación. Hay pasillos que solo se asumen desde la experiencia y horrores que se cuentan desde la garganta. No hay distanciamiento estético, hay intemperie”.

Los héroes perdidos detrás del estilo que empezaron a escribir con los pies son los más valiosos. Flotando en la vitrina de los hacedores está Walsh marcando con pintura roja cada una de sus oraciones: “Su masacre interpela desde todos los lados a la vez y al mismo tiempo. En él, el estilo tiene un techo más bajo que la emoción. El mejor Walsh nació de la ruptura con la tradición gorila que abrazó hasta que miro a la cara a un fusilado. Cuando entendió que sentir no era para géneros menores, venció la sombra del estilo y de la belleza por la belleza misma. Empezó a querer lo que antes despreciaba. No se cambia de andarivel por compromiso. Las victimas conmueven desde un lugar mucho más profundo que lo que puede ser consciente. Somos más lúcidos cuando narramos que cuando articulamos un pensamiento político, y eso es gracias a la emoción. El periodismo es un nervio que necesita ser atravesado” agrega  el novelista que también trabajó en revistas como “Humor”, “Fierro” y el mensuario “Caín”, de quién fue su director.

Los finales

El recurso de la ucronía llega siempre cuando te enfrentas a lo que no podés torcer. Los héroes que viven en la cabeza Figueras lo impulsaron como narrador de todo lo demás: “Comencé escribiendo Ciencia Ficción (en 2014 editó en ese género El rey de los espinos) pero no consigo explicarme porque decidí estudiar periodismo. Supongo que por el registro y la aversión hacia la lingüística. Las ficciones con el tiempo dejaron de depender de lo fantástico, cada una de las historias fue necesitando un grado de investigación cada vez mayor. Eso me reconcilió con la realidad y con lo que me divierte. La narrativa siempre es una excusa para saber algo más. El resto es consecuencia”.

En  su último libro, “El negro corazón del crimen”, el autor fusiona los primeros prólogos de Operación Masacre con un policial negro y da cuenta que a veces lo imperfecto es una de las formas de lo perfecto. Centrifugar en el mismo secarropa el génesis de una obra con  el resto de sus páginas, puede decolorar las motivaciones iniciales pero no alterar el final, porque los finales siempre te pasan por arriba.

“Los héroes clásicos me impulsaron como narrador. No son solo un género, tiene capas de profundidad que con el tiempo te permiten hacer otras cosas. Están en un tiempo y toman un bando. Eso no es POP. Es dimensión política.  En épocas de silencio, lo épico está proscripto. La salvación no es colectiva ni es individual. Ni siquiera se podía plantear tu propia historia. Es una gran respiración artificial”.

Las pelucas

Investigar en los 90 y hablar sobre rock es asumir el peso de la losa generacional y que los puntos cardinales de la brújula sean:

  • Un Par de Ray Ban”
  • Sushi
  • “Cemento”
  • Cocaína.

“El problema del rock es que ya no te conecta con otra cosa que no sea rock. Ya no es vehículo de otras inquietudes que no lo impliquen. Rock y poesía. Rock y cine. Todos divorciados. Se mató al maridaje. Williams Blake y Jim Morrison, Artaud y Spinetta. No hay más matrimonios. Solo estilos sueltos, que al ser solo estilos tienen un techo obvio. Durante décadas el rock fue internet antes de internet. Ya no. Dejo de dialogar con su tiempo, dejo de interpretar el malestar. No es la música de este tiempo. Es como las pelucas locas de “Grandes Valores del Tango’’ de Silvio Soldán. No hay experimentación, nadie carga sobre sus hombros algo que no tenga que ver con su discografía. Hace más de dos años que estoy escribiendo el libro del Indio Solari, pero la realidad siempre abre un capítulo nuevo. La realidad nunca está cerrada”, afirma el biógrafo oficial del Indio Solari, quién hace más de dos años prepara una biografía del exlíder de los Redondos de Ricota que aguarda en el pogo más grande del mundo la señal para ser publicado.

¿Qué es lo que une a todos estos Figueras?

Nada hay más atractivo que la alegría de disfrutar algo con pasión, y los que no saben, o no pueden, se muerden las uñas de rabia. Si lo distinto es una anomalía y a los normales les aterra, lo que descubren no solo es un freak sino la falta de algo esencial: la libertad. Hay cosas que están rebotando en todos lados menos en los diarios y son de verdad, tienen una vitalidad superior por ser una búsqueda distinta. Hay cosas que son de verdad o son solo información: “Tengo la necesidad de creer en esos sentidos que pujan por salir, aunque sea breve. A lo breve no le falta autoridad, no hay forma de pasar por algo que no sos por más que solo pronuncies una frase”.

 

 

Disponible en Revista MU / Cooperativa La Vaca
http://www.lavaca.org/mu/mu-112-femicidio-es-genocidio/

 

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