El universo es una hoja

La agenda de mi abuela tiene una hoja. La guarda desde hace años en el primer cajón de la mesita de luz rodeada de pastillas por las dudas y un par de pañuelos de tela que lava a diario aunque nadie los use.

Sólo tiene anotados 10 números de teléfono: solo 10.

La primera es su cuñada que también es la vecina de al lado, que también es su mejor medianera, que también es su “que se le va a hacer” favorito.  Tiene el teléfono de Víctor Cristiano, el médico cabecera de la familia, que además fue el partero de su dos hijos. A Tapia, el viejo que tiraba el cuerito para sacar el empacho y le aplicaba las inyecciones a las nalgas del barrio. A Yoli, la enfermera del nono que ahora es su confidente vespertina y la acompaña a cobrar la jubilación. Tiene el nextel de su hijo Daniel que casi siempre esta sin señal. El celular de sus nietos. El teléfono sin el 4 de Julio, un albañil casi retirado que llamaba a todas las mujeres “Maria”, y el de Rita, su mejor amiga, que no ve ni llama desde el 2003.

“Llamas a los mismos, te llaman los mismos. Nadie entra y solo salen los muertos”

¿Qué otra cosa puede pretender alguien que amó en pasado perfecto?

Hay números que por alguna razón afectiva no entraron al grupo de los 10. Como el de la única remisería de Barrio Gaona o una farmacia de turno cerca de la estación de Morón. Desterrados del recuerdo, son imanes en la heladera o garabatos en recetas vencidas.

La hoja es un mandamiento encubierto.
La santificación de los nuestros.
La decisión cartográfica y
el cielo posible ante la falta de cartas.

Los que quedan, los que se van, los que ruegan, los que creen,
los que extrañan, los que no atienden, los que resisten.
Todos entran en el mismo trazo.

María Juana Conti, la nona, no terminó el primer grado pero tiene  la sabiduría de captar lo imprescindible. Sin saberlo, me enseñó el secreto de mi oficio: Escribir en pocas palabras lo esencial.

Es esa síntesis del mundo que se reduce a 10 números de teléfono.
 
El universo en una hoja.

 

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Mantener con vida

El sobrino escribe a las apuradas en la pizarra de la cocina: IN-CURABLE, curarse desde adentro. La tía prepara un jugo de arándanos, la pareja le toma la mano y le acomoda un remolino del pelo, un amigo de la primaria escribe en su muro de Facebook: ¡Fuerza Tana!, su padre fuma en el patio, la mejor amiga cuelga el décimo rosario en la cabecera de la cama a la espera de la nona, que aguarda el auto de la única remisería de Barrio Gaona para llegar.

Se complicó.

El hijo llega del cuarto padre sanador, en un mes visitó a Ignacio de Rosario, al cura Fernando de Avellaneda, a otro de Lanús y a uno de Lomas. Extiende la foto y espera instrucciones: Bidón de agua bendita, rezos, recomendaciones litúrgicas y coco rallado, para esparcir sobre los lugares afectados, que cada vez son más. En el viaje de vuelta repasa un libro de metafísica que le recomendaron para visualizar y atraer lo bueno.

Puta llama violeta. Puta transmutación de lo incierto.

En la bandeja siempre hay una sopita de arroz,un tecito y unas criollitas.
En la bandeja siempre queda una sopita de arroz, un tecito frio y unas criollitas sin abrir.
Liliana no prueba bocado. Lo único que come es el tumor.

La quimioterapia estaba interrumpida por el valor de la bilirrubina: “Hasta que el hígado no reaccione, no se puede continuar el tratamiento” El mejor médico del mejor hospital costeado por el mejor plan de la mejor obra social hacia hombritos y miraba el piso. Esa era su manera de darnos la bienvenida al pasillo de lo paliativo, ese era su “hasta aca llegó el mundo del hombre”. Tal vez estaba triste.
Tal vez estaba en lo cierto. Tal vez hizo lo que pudo.
Tal vez se pueda ir a la concha de su hermana.

Paliativo.
Final sin dolor.
Final.

Un enfermero paracaidista a domicilio que llegaba para constatar un parte diario, sentencia las posibilidades: “No hay esperanza, solo resta decidir si va a morir acá o va a morir en otro lado”. El hermano lo contradice, “la esperanza se la vamos a dar nosotros”. El enfermo hace una mueca y agradece el vaso de gaseosa. Cuando se va, el hijo corre a los pies de la cama y le susurra a la madre que va a estar todo bien. La madre le dice que sí, que le cree, aunque en secreto haya dado instrucciones de como criarlo cuando ya no esté.

A los 3 días una ambulancia de OSDE va a buscarla para llevarla al hospital. La madre hace chistes entre cables, el hijo reza rogando que Dios llegue a las camillas. El paso del tiempo les demostrará que el mal no tiene ninguna posibilidad, aunque gane.

Pero el paso del tiempo siempre ayuda después.

El Británico es un reality show de cuentas pendientes: todos los que no habían estado a la altura de un café en jarrito, los que le habían fallado y los que la habían traicionado en secreto se desesperan para llevar consejos milagrosos, provisiones para los que pasaban la noche despiertos, gatorade para darle con cucharitas y anécdotas de los días felices como puntos de fuga.

Antes del último almuerzo, el médico de cabecera se acerca a la habitación 402 y le da un beso en la frente: “Te veo mucho mejor, pronto vamos a volver con él tratamiento”.

Las eminencias no tienen dolor, tienen diagnósticos, frases de circunstancias y varios partidos de tenis atrasados.

Liliana era un grito.
Liliana era un grito injusto.
Liliana pesaba 49 kilos y nadie quería que se vaya.

El piso entero era un santuario que quería transmitir un mensaje a través de la morfina. Todos agarrados de la mano alrededor de la cama luchando contra lo irreversible.
¿Qué se le ruega a lo que no se puede frenar? ¿A lo incurable se le puede pedir algo más que tiempo?
.
Liliana murió a las 4 horas. Los gritos y los golpes a la pared despertaron a su hijo, quien se había quedado dormido unos segundos antes apoyado sobre sus piernas. Durante horas se culpó por no haber aguantado hasta el final, por no haber rezado ese último Ave María, por no haber apretado la mano con determinación de cielo.

Cuando volvió a su casa (el lugar más pesado del mundo) encontró 4 cartas que Liliana escribió para el regreso de todos menos de ella. El final de la suya rezaba: “Yo estoy bien si vos estas bien”. Ahí fue cuando entendió que no se había borrado de la tragedia antes que suceda, su madre había esperado que se durmiera. Porque las madres siempre duermen detrás del sueño de los hijos.

Soñar es mantener con vida.

Cambiamos por truenos

 

Pan duro y truenos en la misma cuadra.
El patrullero llegó a la zona con la decisión de matar.
“Paren de tirar, hijos de puta, hay pibes aca”.
Esteban Velázquez apunta a la terraza.
Dispara.
Alguien cae.
Cae como cristiano, llega al suelo como mártir.
La bala de plomo perfora.
Pocho Lepratti está en el suelo con un balazo en la tráquea.
El techo es un baño de sangre.
Los lobos azules huyen.
Un profesor de matemática y las dos cocineras lo reaniman.
Muerto.

Hay un celular Nokia 8250 apagado en la casa de fin de semana del gobernador. Hay un teléfono de línea que suena en el comedor de la familia Lepratti en Concepción del Uruguay, Entre Rios. Hay un padre que atiende. Hay un hombre sin cielo que sufrirá un paro cardíaco en 2004 tras el regreso de un acto por la memoria de su hijo.

Hay un diario que hará la parodia de un enfrentamiento. Hay una sirena que huye. Hay una pena que no se va a cumplir. Hay un comisario acusado de encubrimiento que ni fue citado a declarar. Hay un asesino que confiesa: “Y sí, agarré y tire un tiro pero con bala de goma. A este pobre muchacho lo mató una de plomo, que entró de arriba hacia abajo. Yo estaba en el suelo y él en el techo”. Hay un asesino que miente. Hay un asesino que después de 9 años, 6 meses y 4 días tendrá un después por buena conducta: un puesto de hamburguesas en Arroyo Seco. Buena conducta.

Hay una bicicleta que va a pasar a la historia. Hay un pibe que se apurará a grafittear una esquina del barrio Las Flores: ¡Pocho Vive! Hay una provincia con el número más alto de víctimas por represión: 9, 7 fusiladas por policías. Hay solo 2 condenados.
El asesinato de Lepratti fue el único de todos los crímenes de diciembre de 2001 en el que se abrió una causa para investigar el encubrimiento policial.

Los policías condenados entran en un Fiat 147.

Roberto de la Torre
Rubén Darío Pérez
Marcelo Fabián Arrúa
Carlos Alberto de Souza
Daniel Horacio Braza

Solo 5.

Se los había acusado de balear el patrullero donde estaba Velázquez para simular un enfrentamiento, y alterar la escena del crimen. Fueron absueltos por el beneficio de la duda.

José Manuel Maldonado, titular de la División Judiciales, señalado como encubridor tras firmar documentación adulterada no fue ni siquiera llamado a declarar. Super-lógico: El tiempo no siempre pone las cosas en su lugar.

Todo puede ser falsificado menos el tamaño de un ala.

Todo es susceptible de ser reversionado menos un contraluz que da justo en la tabla de la cebolla picada y el pollo que va directo a la olla, menos el olor a escuela que abre, menos un pibe que come por primera vez en el día, menos un maestro que pedalea para llegar.

17 años después, la línea de fuego es recompensada.

Los ángeles hacen lo suyo.
La gravedad también.

Lepratti sigue arriba de la policía. Inalcanzable.

01

¿En cuánto estás?

– ¿En cuánto estás?
– 0.8
– ¿Contra?
– 1.9
– Te están matando, ¿con qué están?
– Vuelos low cost.
– ¿Y nosotros?
– Nieta recuperada.
– No sirve. Sácalo.

El productor se toma la cabeza. Revisa el rating: hace 5 minutos la conferencia de Abuelas de Plaza de Mayo lo deja cuarto cómodo en la grilla de encendido de canales de noticias. Un canal lidera franja con Lapegue haciendo yoga, otro fue a una carnicería sin bife de chorizo y habla de la crisis de la carne, otro pasó a un video viral del perro San Bernardo trepándose al inodoro del vecino. Todavía no habló Estela de Carlotto.

– Listo. Cortamos acá. Rompamos con el pibe linchado en Misiones.

Trepa al tercer lugar.
Empata el segundo.
Recupera lo que perdió con los pañuelos.

Al nene de 14 años lo agarran de la remera, lo arrastran hasta la vereda
y le empiezan a dar patadas en las costillas. En el video casero algunos rien,
otros alientan a continuar la golpiza hasta la sangre. Linchan desde un emoticón.

Ya está segundo.

Todo empieza a ser un número
que nunca le pertenece del todo.

Tiene que ir a la tanda para vender el spot del aceite.
La demora. Promete otra víctima para la vuelta.

Su jefe llega al control de transmisión y le toca el hombro: “Muy bien, entendiste todo”. El empleado del mes no entendió nada, solo pensó la época: Rencores cortos con necesidad de tener explicaciones cortas.

Cambió memoria por justicia por mano propia.

Ya está primero.

 

01

El profesor

Magister, graduado y posgraduado. Maestro anti-flama. Devoto de las preguntas que el Estado no puede responder. Impulsor de la ley de medios. Crítico de la ley de medios.  Enemigo de las goteras. Observa con lucidez todo lo que se aliena. Martin Becerra, la garganta de la clase.

Primer Acto. Un periodista sin el paraguas del convenio se queda sin trabajo, con la indemnización se compra una cámara y trabaja por encargo. Le va bien, le va bien fuera de la lógica sindical.

Segundo Acto. El mismo sindicato que no hizo nada para frenar el despido, condena esa experiencia porque sobrevive por la mitad. La reacción de contención llegó más tarde que los bombos, con un discurso desactualizado.

Tercer Acto. Hay un afiliado que muere. Hay un periodista que sobrevive.

 

MAS POR MENOS

“El cambio tecnológico provoca tensión en las formas clásicas de organizar socialmente la producción de información y cultura. Como circula. Como trasciende. Es tecnológicamente más fácil producir información con menos gente por el salto tecnológico. Más por menos. Podemos discutir la calidad, pero no que es más fácil, la facilidad no es un dis-valor: genera una reacción conservadora en donde el avance arruina la dedicación, eso no tiene una vía de resolución optimista. PERO ES LO QUE PASA. En un sistema que divide para multiplicar, es difícil que prospere otro destino” afirma Becerra, el dueño de los marcos teóricos.

SILBA MERCADO, SILBA

El Estado Argentino es indolente frente a las goteras porque la membrana se puso en otro tiempo, abre un arco amplio de posibilidades pero resuelve siempre con la misma jugada. Pudiendo intervenir de modo activo para mitigar el desempleo y la precarización, observa. Es el tío que está cansado porque manejo 12 horas en ruta y no quiere que le hablen, adicto a la fábula de “esta mesa no me ocurre”: “El Estado abraza una ley de mercado sustentada en un planteo esquizofrénico porque el gobierno actúa para que los más fuertes sean más fuertes, no asiste de manera externa a la sucesión de acontecimientos, no es pasivo, es activo. El mercado resuelve y ellos intervienen pero para favorecerlo. Eso genera vicio. Vicio propio. El momento es grave, en diciembre de 2015 la precarización era generalizada. Lo que cambió fue el cierre y el despido. El kirchnerismo tenía una política de contención del despido pero no de la decadencia, estimulaba la precarización.

HAY SALIDA

La piba rinde la última materia y durante un par de años paga un espacio en una radio comunitaria para hacer un programa de rock y cultura. Hace algunas notas a ídolos marginales y personajes de mala muerte para una revista barrial, también los sube a su blog. Entrega la tesis. La rinde con 9. Los padres festejan. Intenta repetir el modelo por un par de años más. Su vocación nunca tuvo contraprestación económica. Lo advierte insostenible. 10 años después alguien le pide una definición de la coyuntura, pero en un asado.  El mundo no pudo contener su sueño: “No hay mercado periodístico, hay mercado de comunicación. “Se achica la oferta en los ‘medios’ pero no en el mundo de la comunicación. Toda institución es un medio. Los museos son como Warner Bross, no entiendo como puede ser que comuniquen tan mal. Guardan los secretos de la humanidad y los viralizan de manera aburrida. Están desaprovechando un banco de imágenes y sonidos históricos como si fueran la carta de una pizzería. Cada cuenta de twitter es un medio de comunicación, cada usuario es todo al mismo tiempo: comunicación interna, externa, con usuarios directos. Es más lindo el romanticismo de la contratapa, pero hay otras contratapas esperando”.

 NAVARRO NOT DEAD

El minuto a minuto del control de aire explota el techo del último mes. 5 puntos, la medición de un canal de aire, en un canal de cable. En el estudio, la editorial de Roberto Navarro: “Te prometió pobreza cero, pedazo de hijo de puta”. A los 3 meses, el programa fue levantado. La tiranía del rating no es el valor nominal que mide todas las cosas. ¿Por qué echaron al tipo que aseguraba el encendido? “El margen de autonomía que tiene el mercado es un chiste, sus leyes en Argentina son las leyes de la Salada. La Salada es un espejo de la Argentina capitalista. Los privados nacionales saben que las inversiones pueden tener una represaría estatal, por eso instrumentan planes de saneamiento ideológico para no contrastar contra los intereses del Estado. Como muchos se financian con empresas fuera del mundo de la comunicación, atrofian la mirada del medio para conservarlas intactas. Chantaje y mediocridad. Mientras tanto, las corrientes de opinión que se identificaban con lo desplazado quedan en el limbo. O mutan de medio y van a espacios no tradicionales o se sintetizan hacia lo que hay”

FUERA DEL CÍRCULO

¿Qué va a pasar con la representación de la bronca, los que nunca van a ser pro gobierno, los que dicen NO y NUNCA?  “Hay gargantas que se quedan sin intérpretes. Los que no son desertores, negocian sentido. Como les gusta el entretenimiento, intercambian contenidos. El gobierno está cómodo, autoriza voceros informales a programas políticos y mantiene una agenda que le interesa a una minoría. Hay temas que llegados a un pico de trascendencia desbordan el círculo rojo y llegan a la panadería, y ahí es donde pierden agilidad. Cuando el tipo que te vende facturas te pregunta por Santiago Maldonado. Lo que queda dentro del habitáculo se gestiona a la perfección: redes sociales, comunicación de caracteres, mundo aséptico, segmentado, de mentira, con buenas noticias o canalización en lógica propia, con ideas licuadas. La crisis se genera cuándo hay un desborde de los temas que pensaban que les iban a importar a una minoría y rompen la capsula y el microclima. Ahí es cuando no son profesionales, cuando se el cerco de la normalidad los asfixia”

 

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Ph: Nacho Yuchark. para la VACA

LA LEY PERDIDA

“El derrotero no es amarillo, hay personas que advierten irregularidades en nombres propios cuando lo que falla es el comportamiento sistémico. Después de la sanción de la ley de Medios, todo lo que hizo el kirchnerismo fue profanar los objetivos, la letra y el espíritu de lo que muchos rezaron. Fueron los grandes pecadores del conceso y de la ley. Adecuaron a grupos que no se podían adecuar, favorecieron mamarrachos, se equivocaron de socios, miraron para el mostrador equivocado y le allanaron el camino a Macri para que disuelva los artículos más importantes. Tengo una sensación de amargura, no siempre la historia abre esas ventanas tan nítidas. Remar en regulaciones contra los intereses de los grupos concentrados es casi imposible, si lo logras, tenes que ser ejemplar. NO FUERON EJEMPLARES, fueron miserables. Creo en lo auto-gestivo, las experiencias cooperativistas son exitosas incluso fuera de la comunicación pero hay cierta inercia analógica que deberían superar a la hora de consolidarse. En un contexto de cambio de formato y forma de acceso a los medios no se aprovechan las bondades de lo digital. Hay nuevos medios pero no nuevo lenguaje. Pocos tienen lenguaje digital. Eso no está extendido. La revista Ajo tiene mejor lenguaje digital que matutinos históricos. Nunca hubo un consumo audiovisual tan alto como ahora. Un monologo de 25 minutos no es lenguaje audiovisual, es imagen. No tiene registro de lo nuevo”

EL PANELISTA

“No celebro que se empate historias ni la figura del contrapunto, pero me gusta que las vacas sagradas sean menos sagradas que antes. No hay mediadores de lo divino, no hay personas leyendo en latín, no hay voces autorizadas por encima de sí mismos. Desacralizar el mito que persiste como intocable para que otras voces resistan. Es justo ver patinar al héroe, creo que sirve. Que sangre. Desautorizar para mirar y volver a autorizar. Nadie vale por su condición, vale por lo que hace con esa condición. Eso no significa que desde la tribuna tengan que enseñarle a Riquelme a patear un tiro libre. Pero Riquelme no lo va a patear si después del gol no tiene un lugar para mirar”

 

 

 

 

 

Riobamba

 

14 de Febrero de 2004. La placa roja revienta los tímpanos del Hitachi 14 pulgadas en la estación de servicio de Entre Rios y Humberto Primo: “Reiteramos / Primicia / Así fue la detención del líder de Damas Gratis”

“Los ratis me reconocieron y cuando vinieron a casa me encontraron algunas cositas. Yo estoy bastante limpio, pero a veces los pibes de la banda están muchos días de gira, por ahí se olvidaron algo en el piso. ¿Y qué? ‘Quieren bajarme y no saben cómo hacer porque este pibito no va a correr. Por eso…” Se corta el audio. “8 horas, 50 minutos”, de repente, una voz del control de transmisión interrumpe el testimonio de Pablo Lezcano: “8 horas, 50 minutos”. Nadie entendió el final de la frase que el dueño del pabellón de la cumbia, desde su estudio de grabación de San Fernando,  le dirigía a sus fans. Cada 15 minutos, Elvira Bustos, una de sus locutoras insignias, daba la hora y la temperatura suspendiendo por segundos cualquier tipo de transmisión. Porque sí. Al momento de presentar la segunda parte de la entrevista, “Convenio” (2001-2015) el perro que los trabajadores del Canal adoptaron de la calle durante un paro, cortó el copete del presentador ladrándole a una gotera en el estudio. Todo en Riobamba 280, el primer domicilio del canal de la sangre. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Porque Crónica vive en el blooper que no sé dice.

01
JOSÉ

Riobamba tenía un bar, una barra con una panchera quemada y un par de snacks vencidos que supo contener las quejas de la momia blanca con la boca manchada de café por un quilombo de aportes con la hija de Karadagián, a Zulma Lobato en conchero tomando una copa de Sidra mientras aguarda al productor de Anabella, al astrólogo Alejandro Holst acomodando su corbata verde mientras repasaba la dieta de la luna, a Joaquín Levinton con campera metalizada 72 horas después de la última vez que pudo dormir y hasta a Tarja Turunen, cantante de la banda de metal sinfónico Nighwish, a quien le quisieron cobrar en 2011 un pebete $ 50.

Abierto las 24 horas, como el canal, era atendido por Jose, su dueño judío, su esposa, una mujer que decidió pegar posters de Rafael Nadal a lo largo de toda la pared del local y un tucumano que no era tucumano. En él bar los alegres no podían opinar. Eran recibidos como tipos a los que todavía no les había llegado la hora de lo irreversible. Pero también el bar era un lugar ideal para recordar la edad de oro. Ese momento en donde las comisarias llamaban al canal para saber dónde dirigir los patrulleros y la competencia se arrodillaba en maíz con un cuaderno “Gloria” en la mano para aprender periodismo.  José solía empatar los mejores años de Crónica con sus mejores momentos, o al menos sus mejores ventas.

José no fue productor, ni director, ni sonidista, ni camarógrafo ni editor pero conocía las internas, las penas, las fechas de las vacaciones, las acrobacias de los sectores para evitar los francos trabajados y el destino de los móviles mucho antes que el resto, en su fiambrera habitaban las historias que él no cubrió pero sabía de memoria y se adjudicaba como propias: “AMIA fue durísimo, me quede sin mercadería a mitad de mañana”, “Cromagnon fue un infierno, tuve que llamar a mi hija para que me ayude a atender”. La medida de la tragedia era el stock del bar.

Los ojos de José tenían pesadillas privadas, detrás de las pitadas que ocultaba con el humo de los panchos para huir de las cámaras de seguridad del pasillo, se podía distinguir como los monstruos caían de sus ojos a los pocillos de café recién lavados.  A Pocho la Pantera le preparó un tostado de miga con una gaseosa light y le cobro la mitad. Algo andaba mal.

Los teléfonos internos que lo llamaban y le anexaban tartas, milanesas, puchos, infusiones, gaseosas, mapas geopolíticos y hojas de calcar a los pedidos empezaron a marcar el 9 para llamar afuera, algunos compraron su propia pava, mientras agachaban la cabeza cuando el ruido de su bandeja se percibía en las esquinas. La carpeta llena de hojas Rivadavia cuadriculada con las cuentas encolumnadas de lo que iba del mes y en donde José resolvía sus problemas con la AFIP eran cada vez más delgadas, como José.

José cada vez tenía menos.
José cada vez vendía menos.

José estaba muriendo. Como su bar. Y de repente se despegaron unos stickers de la pared de las papas fritas y no hizo nada, y de repente nadie cambio una de las lámparas dicroicas que se quemó dejando al mostrador en penumbra, y de repente a una de las banquetas se le rompió la pata. Y no hubo repuesto, porque ya no habia resto.

Una mañana de junio, una máquina de snacks e infusiones varias llegó al entrepiso y fue cortejada con honores de jefe de Estado. Todos admiraban su precisión, su falsa modestia, su capacidad para callar, su tacto para no devaluar, su rapidez inhumana, su fascinación por no entrometerse ni interpelar las caras de culo. Las tazas de José perdían la batalla contra los vasos de plástico y a todo el mundo le cerraba la novedad.

José murió en agosto. Su bar cerró tres meses después.
Desde ese día, la maquina empezó a comer billetes.
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TURCO

  1. El programa de Anabella Ascar termina con su perra Dominga echada en los pies de la conductora, el hombre que denuncia que tiene un chip en la cabeza preguntando por tercera vez donde está el baño y amigacho, personaje que no puede pronunciar la S por volverse vegano, pidiendo “lo suyo” en el pasillo. En la puerta del estudio aguarda Jorge Asis para hacer “Poder Vacante”, el programa que la señal emite después del segmento más visto y el sorteo de las loterías: hoy recibe a Carlos Menem. Pronto el vehículo del ex presidente se estacionará en la puerta de Riobamba 280 rodeado de 2 patovicas y 4 custodios. Al cruzar el pasillo, se abrazan con firmeza.

Asis, que se se convirtió en una voz de consulta inexorable ante los alaridos intelectuales de baja intensidad de los últimos años, estaba en otro avión, ese que llega antes porque no lleva bultos, traslada conceptos. Tiene el mentón de esos tipos que abren ventanillas donde el resto ve un baño clausurado. “Para ser peronista sólo basta con decir que sos peronista. Nadie puede decirte que no lo sos”. Asis lo mira al expresidente e interpreta al peronismo como aquella polea de transmisión que conduce a la suite del dominio. Menem sonríe como remate. Asis lo sigue. Tal vez esa risa cómplice involuntaría describa comodidad, tal vez gestión. Menem lo rescató del aplazo de Clarín. El pupilo no olvida ni desparrama vinagre sobre su gobierno, le extiende una toalla limpia. Ahora Asís lo resucita elevándolo a la categoría de disertante sin pasado.

Continúan. “El peronismo es la ideología del poder inevitable, el peronismo es ganar,  el kirchnerismo es la prueba que desde el poder se puede llegar al delito pero también que desde el delito se puede llegar al poder, es lo que lucra para la corona, es lo que convierte a una idea en un sistema recaudatorio de acumulación,  es el epílogo de la revolución imaginaria, es lo que siempre se impone y lo que ya no fluye”. Enumeran anécdotas omitiendo desastres, dividen al peronismo orgánico del kirchnerismo todopoderoso y mantienen una charla sin cortes comerciales y con niveles de culpa similares a una disertación de dos suizos sobre el calentamiento climático.

 

21:30. Pasa. Sorteo del Quini 6. Menem y Asis aguardan 15 minutos en la sombra a la espera de la emisión de un sorteo que duplica en rating al intercambio turco. Sale el Quini Tradicional. Menem pide ir al baño. Sale la segunda, el Quini revancha, Asis se acomoda la corbata verde esmeralda. Sortean el Siempre Sale. Menem vuelve del baño. Sale el Pozo Extra. “Venimos”, se escucha por la cucaracha. ¿Cómo continuar una charla sobre peronismo atravesada por el azar? “¿En que estábamos?, pregunta Asis. Ah, sí, en la autocrítica. Cuando no hay movilidad social, a veces la corrupción es el único método inexorable para el escalamiento. ¿Qué otra manera de ascender hay?

  • Ganarse el Quini, sentencia Menem.

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e01

 

DIOS

Placa Negra. Solo números.
16:40
Matar lo que no se puede matar.
16:41
El pueblo espera en silencio que alguien le diga que no es cierto.
16.42.
No hay nada más arriba que esos números.
16.43

Un reloj de números blancos con fondo oscuro y sin música se extendió durante 3 minutos.

La primicia que Javier Diaz, cronista estrella que después regreso como director de Noticias, dio sobre la sobredosis de Diego Maradona en Uruguay después que Coppola jure que era hipertensión y  la propia familia, allegados y cuerpo médico lo hayan negado, era un precipicio imposible de atajar.  Nunca había sido tan terrible tener razón.

La sobredosis era cierta.
El infarto era cierto.
El vacío era cierto.
Vacío de Dios.       

Y de repente, el hombre sin tiempo se quedaba sin tiempo.
Alguien pintó una tela apresurada una tela que decía DIEGO VIVE y la colgó en la reja que separa la Plaza de Mayo de la Casa de Gobierno.  Dije alguien pero quise decir todos.

Nunca un mediodía duro tanto.  A las horas volvimos a tener pulso de nuevo, llegaron los partes médicos,  los rostros que hacían gestos a las cámaras, el testimonio de Claudia Villafañe para terminar con los rumores, los especialistas que salían por la radio para decir que el miedo de la muerte ajena espanta porque nos enfrenta al fantasma de la muerte propia, los homenajes de los canales de deportes a todas sus camisetas, los compactos de sus 589 goles y  las cadenas de oración en Nápoles con el zócalo: Fuerza Diego.

Las placas de Crónica mataron a todos los actores de la obra. Desde el gobernador de San Juan José Luis Gioja hasta a Pepino el Payaso, el personaje de titanes en el ring que se enteró de su muerte mientras comía spaghetti con su mujer (Luego salió al aire para decir “estoy vivo”) pero no pueden titular la falta de Dios.  La filosofía pudo matar a Dios. El periodismo no.

ROJO

El suicidio del empresario Alfredo Yabrán, el de Leonardo Simons y el de René Favaloro. La renuncia de Cavallo como ministro de Economía de Menem. La salida de Guillermo Coppola de la cárcel y el doping de Diego Maradona en Punta del Este. La explosión en Rio Tercero (Córdoba). La muerte de Carlos Menem (hijo). El nacimiento del tercer hijo de Marcelo Tinelli. La grave enfermedad de Sandro. El caso Carrasco, que motivó el fin del servicio militar obligatorio. El repudio a Mario Firmenich en una marcha en conmemoración de los 20 años del padre Carlos Mugica. El motín en la cárcel de Sierra Chica. El accidente de Lapa. La toma de rehenes en el Banco Nación de Ramallo. El crimen de José Luis Cabezas. La tragedia de Cromañon. Y las muertes de Néstor Carlos Kirchner, Nicolás “Pipo” Mancera y Emilio Moyano, uno de los hijos del líder de la CGT. El atentado a la AMIA y el suicidio ante las cámaras del comisario Mario Oscar “Malevo” Ferreyra y La tragedia de Once fueron primicias apiladas en un edificio vacío, pero él crédito popular se mudó con la marca, como un pibe que lleva el diario íntimo de la casa de la prima, como un campesino que siembra vientos.

Las chapas que escucharon las cosas antes cualquier hogar son un estacionamiento compartido con un conteiner en la puerta para llevarse las marquesinas y escenografías que más duelen, cuadros con picos de audiencias que murieron hace tiempo y estudios gigantes y fríos donde nadie toca ni alquila. Las anécdotas son el enemigo en casa y todos los personajes que lo hicieron más grande de lo que es son los títeres que dejamos en la última mudanza porque no teníamos lugar para la licuadora. Ahora ya nadie quiere ponerle una bomba en Riobamba. Ahora nadie llama a Riobamba. Los que pasan por ahí ven un edificio sin carteles ni indicadores y no advierten qué fue, QUE FUE. Si un canal argentino un C&A de MODA.
Ya no tiene la culpa de nada.  Ya no es responsable de nada.  YA NO.

Solo queda una oficina con doble candado, con un genio que extraña el color rojo y mira como las paredes se empiezan a descascarar porque la pintura también se retira.
 

 

El jugador

 

El televisor 14 pulgadas del bar de Barcelona dice que Racing salió campeón después de 35 años. El lugar está repleto de personas que no saben qué es Racing y que miran al único tipo que está mirando el TV. Es un gordo que llora. Llora mucho mientras piensa que Racing es ese ORSAI del que no va a escapar nunca, y que el exilio también es estar apartado de la jugada que sostiene el alma. 

ÉXODO

 “Tu padre nació en un lugar maravilloso, en un país en donde nunca le fueron bien las cosas pero que huele a tierra mojada, en el que mires para donde mires siempre hay algo que es verde y alguien que es tu amigo. No dejes de ir nunca, nunca. El cuerpo nace en un solo lugar, pero el corazón puede nacer en dos. Por eso existe la frase ‘se me parte el corazón’. Y si los tontones de tu colegio te preguntan por qué vas todos los veranos al culo del mundo contéstales: porque quiero estar completa”. Casciari se lo escribió a Nina, de 12 años. Tal vez apliquen para Pipa, su segunda hija de 4 meses.  Casciari escribe desde una casa derrumbada, esas máximas son el único momento en su obra en que se advierte una nueva dirección: en el futuro no hay cartero.

“El exilio te hace llorar hasta una medalla de bronce en canotaje, te hace querer al tipo que silba por la mañana, a la harina de la factura más dura, redescubrís relieves y ves cosas especiales en la textura de un semáforo. Tal vez porque siempre tuve miedo a que me digan una palabra en argentino y no saber lo que quiere decir. Cuando volvés, el canotaje es zapping, y el tipo que silba te empieza a incomodar, porque además de silbar, estaciona mal”. El costo de volver a un lugar donde fue feliz Casciari lo corrió hace dos años cuando después de 4 mundiales y un infarto volvió a la Argentina para salir de la posición adelantada.

Fundó su propio ORSAI, una revista por suscripción y sin publicidad que después se transformó en editorial. Escribió una novela en pijama, la subió a un blog y la bautizó “Más respeto que soy tu madre”, una comedia disfuncional que llegó a Calle Corrientes a través de la piel de Antonio Gasalla. En su primera temporada, Orsai fue una revista internacional, arriesgada, con centros de distribución en más de 30 países y una logística llena de utopías “con glosarios para que cada lector supiera como se dice chucha en los países donde no se dice argolla”, según indica el propio autor en el primer número de la segunda temporada.  También montaron un bar en San Telmo,  donde funcionaban talleres y un kiosco de revistas, con  gente soñadora, encerrada en cuentos involuntarios y periodistas con la camisa afuera. Sonaba de todo, menos Caetano Veloso.

“En 2008 me descargué la discografía completa de Caetano Veloso, pesaba 1GB. Tenía toda su vida en mi escritorio. A la semana la computadora se volvió imposible, lenta y inoperable, con total naturalidad agarré ese GB y lo tire a la papelera de reciclaje. A la nada. Ahí me di cuenta lo fácil que nos resulta todo. Ahí es cuando decidí que ORSAI sea cara y complicada, que no sea barata y fácil, porque lo barato y fácil lo tiras para hacer lugar cuando tu novia se muda a tu casa o la primera vez que te echa. Si no te resultó costoso, no sirve. Si no tenías ganas de que eso pase, lo tirás. ORSAI es algo que no dejás cuando cambias de lugar. No vamos a ser masivos nunca. Eso es el paraíso de los tontos. Lo que genera ORSAI no es popularidad, es comunión: que las personas que consuman ciertos productos puedan tener cierta complicidad en el subte cuando se ven”.

EL TIPO DE LA BARRA DE HIELO

Nadie debe decidir hasta que hora podes jugar. Nadie. Ningún gobierno ni anunciante va a dictaminar cuando termina el recreo: “No tenemos publicidad ni privada ni estatal. Esa es la dimensión de la autogestión que nos determina. La contratapa de la PARA TI, los carteles al costado de la ruta, los banners que cubren las avenidas doblemano, serán una opción cada vez más prescindible en un mundo que va camino a la autogestión. Hace un tiempo, unos señores te tocaban el timbre y te ofrecían una barra de hielo para que refrigeres un pedazo de carne. Un día aparecieron las heladeras. Las grandes corporaciones van a ser esa barra de hielo. No van a ser necesarias”.

SACAR LA MANO DEL CUENTO

Vomito 12 libros en 12 años, algunos reeditados: “Diario de una mujer gorda”, encabezando el fenómeno de los blogs que se vuelven ejemplares; “Más respeto que soy tu madre”, que se convirtió en el fetiche de la calle Corrientes; “El pibe que arruinaba las fotos” un viaje a todos los pebetes de salame y queso de su infancia; “Charlas con mi hemisferio derecho”, lugar que encontró después de 6 meses sin escribir,  “Messi es un perro y otros cuentos”, en donde compara al crack argentino con su can de los 8 años ,“El nuevo Paraíso de los tontos”, obra de 40 historias que desnudan al hombre y a la transición entre lo analógico y lo virtual y “Doce cuentos de Verano”, que contó con ilustraciones de Horacio Altuna, con quién tuvo como única meta que el calor fuera el protagonista secreto de cada historia. La obra fue dedicada de manera excluyente a Diego Milito, último ídolo de Racing. A todos sus libros los escribió sin intemperie, a 150 metros de las cosas pero a 2 latidos del primer recreo en su colegio de Mercedes. Hernán Casciari decide pensar desde las figuritas que le faltaron para completar el álbum y prescindir del timbre de la novedad.

“Le escapo a la descripción, traslado sin describir, hay cierta coloquialidad en mis cuentos que hace sentir cómodo a quien lo lee. Nada más. No creo que el lector llegue primero a la imagen y después al concepto. No me gustan los autores que se meten hasta tu medula para terminar hablando de sí mismos. ‘Contáme un cuento, no me cuentes tu sensaciones, sino termino pensando en vos’. Trato que el lector esté en el lugar donde yo quiero que esté pero que no esté en mí, para eso hay que despejarse. Lo necesito en la calle, asustado, jugando con sus sombras, no en mi cabeza. La hoja está en blanco y él es el que tiene que dibujar, yo no soy el dibujante”.

POE

Edgar Alan Poe interpretó su poema “El Cuervo” (1845) por los pueblos, casa por casa, taberna por taberna, bajo la niebla, por 10 centavos. Las Crónicas de la época constataban que muchos se desmayaban durante sus versos. El autor traspasaba el altillo y era las ojeras de su propio personaje. 160 años después, el escritor argentino Alberto Laiseca respiraba las mismas líneas en un primerísimo primer plano para el canal de TV  I-SAT. “Desde que deje de escribir, interpreto. Taché las descripciones de mis cuentos y de mis novelas para aprender a decir, asimilé el silencio de los otros y entendí que quedarte callado también es un adjetivo. Me anime a volver al Siglo XIX. Eso es una obra en Construcción, literatura chiquitita que se dice. Por eso lo monto con toda mi familia”. En ella intervienen “Chichita”, su madre, su hermana Florencia, su cuñado-el temible Negro Sanchez- y sus sobrinos y sus primos – Los Carabajal-

SANCHO

Hay cosas que no se pueden googlear. El color de la camiseta de tu mejor amigo el 31 de agosto del 1989 mientras estabas viendo un partido de Racing no tiene registro más allá de los testigos. Las historias de Casciari nunca son de a uno. Tiene un socio: Chiri, amigo de Mercedes y frontman de las licorerías oculares de todos sus cuentos: “No sabemos quién inicio a quien en determinado gusto, quedó todo tan amalgamado, hay tanto pasado, tanta correspondencia cultural que confundo hasta los tonos: no sé qué fue conversación y qué fue un monologo. Muchas veces me pasa que no sé si hay cosas que pensé o hable con él. Nuestro wattshap es un Alzheimerlleno de nostalgia. Es un bucle. Ya no nos vemos tanto, tampoco hace falta”

HUMO POR LA BOCA

“No escribí desde que estoy en Argentina y dejé de fumar. Me cuesta mucho salir del ritual literario, nunca elaboré sin tabaco y marihuana. Cuando tuve que dejar de tirar humo por la boca, me salió un texto desapasionado. No tengo nada que hacer ahí. No puedo hacer nada sin pasión. No escribí todavía con ganas, si elaboro y en algún momento siento que me está gustando es mucho peor, porque lo tengo que camuflar. Para hacer el editorial de ORSAI me tuve que engañar: redacté 600 palabras pensando en el discurso para el lanzamiento. El paso del tiempo te advierte que no tenés que llenar la bolsa de nada ni correr detrás de ningún guion. Cuando hay cosas que te dejan de importar, significa que estás cansado. Y estoy cansado. A los 30 años pensaba que todo era plausible de ser una historia, cualquier cosa que me pasaba era un buen cuento, lo daba vuelta como una media. Ahora no quiero gastar tiempo en eso. Ya no quiero convertir cualquier ocurrencia en una publicación”.

FLANDRIA

“Soy de una generación intermedia, no me seducen las construcciones de 3 minutos, pero las hago porque me interesa conversar. Lo que hacemos no tiene por qué ser Peter Pan. Orsai tiene nuestra edad, nuestras canas y dolores, pero es mucho más Argentina que cuando la hacíamos en España. No me importa tanto que el nicaragüense no entienda lo que dice, no es una publicación que hace pie en todas las piletas ni pretende ser hispanoamericanista. La vieja revista estaba llena de pies de páginas con aclaraciones, de llaves que explicaban e interrumpían los relatos. Demasiadas apostillas. Ahora estamos en casa para 7.000 lectores, que no llenan la cancha de Flandria pero que pretenden algo que no encuentran en el lenguaje de los likes y la brevedad de los 140 caracteres. No es necesario tener la energía que te da la inexperiencia. Esta segunda parte tampoco será masiva, pero tampoco será careta. Algunas cosas no tienen que ir por el lado del éxito”.

PERRO

“Messi es un perro, un perro como Tontín, el perro de mi infancia. Fija los ojos en algo y ya no lo suelta, sea una esponja amarilla de lavar los platos o una pelota. Los perros no fingen sancadillas cuando ven venir un Citroen ni buscan que le saquen doble amarilla al sodero, como Messi. Messi es el primer perro que juega al futbol” La premisa fue publicada por Casciari en la revista ORSAI en Abril de 2012. Se hizo audio, se hizo viral, se hizo libro de cuentos, se hizo infancia, se hizo la pausa que viaja hacia nuestros muertos. Convirtió a Tontín en un lugar donde nadie nos puede romper y a Casciari en la mano apoyada sobre el pasto mojado que  disfruta en el patio del rocío, con los dedos embarrados del gajo de la pelota que se fue del otro lado de la medianera y volverá sin que nadie la pinche, porque del otro lado también hay alguien jugando.

 

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PH Lina Etchesuri, para MU.