El señor de los pupilos

Detrás de la fuente de ángeles romanos, un puñado de hombres de sobretodo gris  y paraguas negros recita “Fuga y Misterio”, de Astor Piazzola. Ante el desconcierto de la viuda, algunas damas del Jockey Club, viejas amigas de Punta del Este, algunos periodistas y la cámara de Crónica TV, un valiente admirador interpreta una versión libre y sentida, tarareando sus melodías  y articulando los fuelles sacando trompita: “Paparaparapararaparapabam”. Aplauso cerrado pero breve. Debajo de todo eso, está Bernardo Neustadt, convenciendo a los ángeles que no lo dejen solo en el Parque Memorial de Pilar.

La lapida reza “el hombre que ayudo a pensar”. El chico que se quedaba encerrado los fines de semana en el San Vicente de Paul y vivió obsesionado con la soledad, la vejez y la muerte estará solo para siempre. El pibe que trabajó como lechero y farmacéutico para ser periodista y el cínico que contribuyó como pocos a ganar la batalla ideológica del terror para dejar de serlo murió el 7 de Junio, el día del periodista. Algunos afirmaron que debió haber muerto el día del lobbista, luego recordaron que se les quemaba el asado y tuvieron que pedir empanadas. El hombre  que acusó a los progresistas argentinos de querer un Papa rockero con arito fue el que inventó a Doña Rosa para justificar el desguace del Estado. El tipo que desde la revista Racing creó los  puntajes los jugadores al terminar un partido, siguió calificando la República con aplazos. Ahora está ahí, mirando zapatos y tacos azules, convenciendo al infinito que no lo desaparezca.  El tipo que no comprendía por qué si estábamos ganando una guerra íbamos en busca de la paz fue el mismo al que no le alcanzó ni Alfonsín ni el preámbulo porque no eran el tiempo nuevo.

A los 14 años ingresó a la sección deportes del diario El Mundo. El mejor comunicador de los últimos 50 años hizo su primera cobertura en Paternal: Argentinos – Talleres, por 50 centavos la hora y ni siquiera se la publicaron. Escribió la historia del peronismo para que no la musiten otros, lo entendió como esa hoguera que abraza, incendia y devora. Después usaría la misma definición para repasar su vida pero jamás para nombrar al Pac Man de los intocables. El ostracismo de Perón coincidió con su auge como chamán de todos los rincones de la política. En 1960, a los 35, llegó a la radio. En 1964 debutó con Tiempo Nuevo y fundó la revista Todo. En 1965 creó el semanario Extra. En 1975 y hasta el retorno de la democracia escribió también en la revista de negocios “Creer”. Se preguntó con habilidad por qué en Argentina el espejo retrovisor es más grande que el parabrisas. Ante la falta de respuestas, ofició de fiscal moral y umpire de las buenas costumbres.

El tipo que entrevistó a Yasser Arafat,  Mijail Gorbachov, Juan Domingo Perón, Charles De Gaulle, Felipe González, Osvaldo Soriano y Arthur Miller para interpretar el ser nacional, entendió a los argentinos como plomeros en un consultorio analizando una tomografía computada.  Enemigo de las emociones y de las cosas simples, no administró los conflictos: formó parte de lo que pasaba. Siempre desde la mesa del mal, siempre desde la cabecera, siempre firmando al pie. Ese que presentaba a los auspiciantes de tiempo nuevo como protagonistas del futuro fue el mismo al que los “muchachos” de Entel le rompieron dos costillas por hablar a favor de un modelo económico, ese que ante la demolición privatista se pronunció a favor de capitalismo social, no salvaje. No se pudo reciclar desde ahí, cuando dejo de influir, dejó de ser. Sus juicios duraron un poco más y es natural: la idea de Papa Noel siempre persiste más allá del tipo que se disfraza de Santa en el patio de comidas del shopping.

Martes 5 de Septiembre de 1993. 22 horas. El jefe de piso pide silencio por última vez. Fuga, misterio y goleada. Neustadt preguntá como es posible que Colombia nos meta 5 goles de local. Pantalla partida. De un lado, Sanfilippo con corbata azulgrana y ambo negro tiene la palabra solo para humillar a Goyochea, el arquero de la desgracia, que aguarda del otro lado con un saco mostaza y una mirada perdida. Neustadt disfruta y pida que se abra el plano. Sanfilippo denuncia que 4 de los 5 goles fueron al mismo lado y empieza a disecar al gran Goyco: “Te comiste todos los amagues, nene”. Neustadt le da el pase a Hugo Gatti quién llegó solo para pedir que el portero deje el futbol. El encendido llegá a picos de 30 puntos. Goyco no reacciona. El Beto Alonso, quien está a su lado, le sirve otra copa de agua. Bilardo aguarda fuera de cámara para cagarse a trompadas con la vieja gloria de San Lorenzo. Lo invitan a pasar. Cambia los golpes por conceptos y ejecuta curiosa defensa del arquero: “Va a ser el 1 del mundial y va a clasificar, sino se tiene que vestir de árabe e irse del país”. Comunicación telefónica con J J Borelli, quien no puedo asistir al programa porque su señora estaba por dar a luz, banca a la selección Nacional insulta a Sanfilippo y corta al instante. Ese respaldo activa a Bilardo quien le ordena a Goyco que se pare y se retire “por dignidad”. Neustadt propone un corte no sin antes repasar la goleada bajo el OFF y la crítica de Sanfilippo quien por cuarta vez elogia al “pibe” Valderrama.

Una vez más, ganó Neustadt

Neustadt, ese que no supo retirarse a tiempo y terminó acorralado por los caprichos de los canales de cable. Ese que definió a una madre como la caja de ahorro que te permite marchar sobre el mundo y los abrazos que nunca recibió como la imposibilidad de avanzar sobre uno mismo. Ese que a los 21 años le escribió una carta a todos los Jefes de Estado del  Mundo e iba al correo todas las semanas a ver si obtenía respuesta. Ese al que denostan todos los programadores por sostener el mismo cinismo durante 50 años mientras pasan la repetición del Zorro y se masturban con el sargento Garcia.

25 de abril de 1995. 22:10. El general Balza pronuncia en tiempo nuevo la “Autocrítica del Ejercito”: “Quiero decirles como jefe del ejercito que asegurando su continuidad histórica como institución de la nación, asumo nuestra parte de la responsabilidad de los errores entre argentinos. Asumo toda la responsabilidad del presente y toda la responsabilidad institucional del pasado. Las disculpas duraron 22 segundos: Menem, Neustadt y la audiencia se enteraban al mismo tiempo una decisión que se iba a verbalizar el 29 de Mayo, día del ejercito, pero que Balza adelantó motivado por sus asesores.
Neustadt, otra vez tenía la primicia.

Ese tipo al que el presidente Jose Maria Guido lo sacó de la cama para escribir un discurso clave en un momento de incertidumbre general que terminó pronunciando sin cambiarle una sola coma. Ese que pronosticó que la sociedad había tomado conciencia que estaba en una miniatura de guerra Civil durante un gobierno democrático. Ese que con 30 puntos de rating dijo que a los golpistas los había fabricado el gobierno porque los militares no deseaban el poder, el vacío de poder los buscaba ellos. Ese que 2 años después y con 32 puntos de encendido preguntó por primera vez en la TV Argentina “¿sabe usted que está haciendo su hijo en este momento?” Ese que 13 años más tarde y liderando la grilla con 4 millones de espectadores, desarmó un teléfono en vivo y en directo para demostrar que ni en los cables ni en el tubo estaba la Patria, La Nación y La Soberania y así hablar a favor de las privatizaciones. Con sofismas, inexactitudes y enunciaciones breves y efectivas, Neustadt fabricó el mito de la mayoría absoluta para gambetear la realidad con la complicidad del espanto pero también con el apoyo de una generalidad que creyó más en sus muletillas que en las Instituciones. Entonces, ¿dónde dejamos a Neustadt? Ese vampiro que interpeló como nadie esa parte del cerebro que pretende ser Federer, cupido de ese romance que algunos hombres entablan con el diablo, cambiando alma por suerte, y dejando que en ese espacio en forma de U detrás de los ojos se forme una sociedad anónima. S.A. Sociedad Anónima o Sin Alma. Los polemistas no tienen alma. Tienen enemigos. Casi todos legítimos. Acumulan polémicas, no moral. Tal vez hizo todo para que apretemos al botón correcto en el flyper equivocado.

30 de abril de 1995. Mario Firmenich se sienta en la mesa de Tiempo Nuevo y confiesa que el secuestro y asesinato de Aramburu fue una medida que no decidió Montoneros, sino el pueblo, pero que la agrupación la había ejecutado. “La violencia de abajo versus la violencia de arriba es violencia justa”. Las contradicciones de Perón quien declaró que la violencia engendrada por el pueblo no era violencia sino un acto justicia, lo asistían en el error. 5 años más tarde, y en una manifestación por la memoría de Carlos Mujica, el pueblo lo escrachó y le pidió que se vaya.

Neustadt era la escenografía en donde todos buscaban decir lo suyo. Fue lo peor en un tiempo en que lo peor tenía tanta influencia como estilo. Los esquemas reaccionarios persisten sobre estructuras vencidas y los contrapuntos recitan discursos que no los necesitan para ser pronunciados. El dueño de todos los venenos que construyó una mirada permeable a todos los momentos e intercambió escamas con el camaleón que habita detrás de la Patria fue también EL SEÑOR DE LOS PUPILOS. Para ellos, Neustadt no es una referencia pública, pero si un destino que habitan. Como doble de cuerpo: Bernócratas que juegan al poker con Rene Lavand, hacen trampa y encima no adivinan el truco, solo intuyen una mala imitación de cuero rumano. La crítica no trajo ninguna versión superadora, diagnostico con énfasis donde NO, pero jamás encontraron el TEMPO de la sensatez. Por incapacidad y no por elección, nadie lo hará mejor: Filtraran desde las mismas soledades, se dirigirán al pueblo de la mala memoria y trabajaran para “las empresas a las que le interesa el país” pero con menos talento. Neustadt fue continuado por aquellos que estimulan el fuego tras denunciar que escriben sobre el agua solo para que la audiencia compre la mayonesa, pero ese será su hit definitivo: la mayonesa en la heladera.

Varios colegas abandonan la parcela de Bernardo con excepción su hermano, ex socio y compañero de Tiempo Nuevo quién quedó acariciando el cajón hasta el final, llorando como un niño al lado de lo irremediable: “El no eligió el periodismo, el fue elegido por el periodismo. El no eligió la Argentina, fue amado por la Argentina. Eso refleja una vocación y seguirá con todos los que lo conocimos y es también un mandato al que le debemos nuestra respuesta”. Lo dijo Mariano Grondona. Más aplausos, más Paparaparapararaparapabam. Otro compañero toma la palabra, al parecer lo tarareado no era suficiente homenaje y arroja palabras sueltas al aire: “Tinta, papel, micrófono, madera, fútbol, yunque, madera, ideas, Bernardo, adiós”.
Miradas perdidas.
Alguien tose.
Silencio.
Otro tiempo nuevo.

 

03

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El ejemplar

Los que abrazaron una búsqueda sin apuntar al éxito están vivos. Aquellos que elevaron el arte de las causas y sostuvieron la ética aunque eso los condene a no gustar, todavía quieren. Mientras los periodistas se preguntan cómo evitar desaparecer y los comunicadores se vuelven influencers, instagrameros y youtubers para no quedarse afuera de la pileta que viene, los que recuerdan con más frecuencia los ‘para qué’ son los testigos molestos de la tarima. Ulanovsky da un puñado de instrucciones para saber qué hacer con los espejos.

El mantel de hule del departamento de Alberdi y Moreno tiene manchas de dulce de leche en una de sus esquinas, 3 o 4 tostadas sin untar,  2 tazas vacías y un par de ejemplares de la revista Orbe: sus creadores esperan la chocolatada. A los 14 años todavía no son hombres pero ya son autores interpretando el auditorio interno del mundo. Uno de ellos será abogado, diputado,  embajador y  los canales de noticias lo presentaran como Rodolfo Terragno. El otro será periodista, escritor, hincha de Racing y firmara como Carlos Ulanovsky, el tipo que puede escribir sobre sangre y mermelada y en los dos casos convencernos de intentarlo.

“Ulanobsky”. “Hulanovsky”. “Ulanovski”. “Ulanowski.” “Ulavski”. Decenas de sobres de Radio Nacional, OCA, Radio Mitre y una empresa de cable reposan 60 años después sobre una de las 5 bibliotecas de Coronel Díaz al 3000, algunos lo felicitan, otros lo convocan y otros le cobran pero todos abrazan la imprudente coincidencia de escribir mal su apellido. Ulanovsky tiene una urna entre sus manos, la destapa, la vuelca y la sacude. Un polvo negro cae en línea recta sobre una cafetera. No todo: Una ráfaga de viento lo drena, lo dispersa y lo espanta. Algo se lleva el aire. Algo queda. El olor a café esconde una inundable vocación de tragedia: las cenizas del periodismo viven en la casa de Ulanovsky.

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Las mismas cenizas que 7 paraguas negros tiraron al Delta de San Fernando hace más de 70 años cuando solo un rio muerto podía contener a Roberto Arlt , las mismas que alguien fumó en ceniceros improvisados de las redacciones de ‘Confirmado’, ‘Primera Plana’, ‘Noticias’, ‘Siete Dias’, ‘La Opinion’, ‘Humor’, ‘Satiricon’, ‘La Maga’ y ‘Clarin’ y hoy empapelan con colores rojos y negros gran parte de su departamento.  El espacio entre biografías y ensayos lo llenan los irreconciliables  Enrique Raab, Jacobo Timerman, Bernardo Neustadt, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Garcia Lupo y Andrés Cascioli: Ulanovsky los libera del cuadrilátero de las discusiones perdidas y saca lo mejor de todos: “Raab editaba mis notas en la Editorial Abril, me enseño que el recuadro no solo es un apartado, también debe contener el interlineado del autor. Timerman interpretó que todos hacían críticas de carteleras y marquesinas pero nadie observaba la radio y la TV, su observación fue una orden que después se convirtió en mi gran acierto. Pese a un final tormentoso por una nota que publique en La Maga, Neustadt me firmó un cheque en blanco cuando estaba sin trabajo: `me lo pagas con la notas que quieras`. Con Walsh y Urondo coincidí en la redacción de ‘Noticias’, eran zeppelines en épocas de globos negros, me fui antes del pantano. Rogelio Garcia Lupo (cofundador de la agencia de noticias ‘Prensa Latina`) fue el último mago y mi gran amigo, gracias a Andrés Cascioli la carcajada se reconcilió con el periodismo, lo que hizo en ‘Satiricon’ y la revista ‘Humor’ fue admirable”.

La diferencia entre el campeón y el campeón del mundo es que este último aguanta un poco más. Ulanovsky no se reinventa por aburrimiento, sino por necesidad. Proscripciones, dictaduras, agendas negras, redacciones prohibidas, compañeros caídos,exilios forzados, casi 10 años en México y la obligación de mutar para defender el derecho a la vida, para seguir escribiendo y para ver a sus hijas andando en triciclo. “Entre noviembre de 1974 y enero de 1983 viví 2.215 días en el Distrito Federal, un girasol de cerámica que compré en la calle me ofreció una frase que compila ese destierro que te parte en dos: “Seamos felices mientras estamos aquí”. La artesanía dio paso a un libro con el mismo nombre que dediqué (entre otros) a mis hijas, Julieta e Inés, a mi mujer Marta Merkin y a Simón Ulanovsky, mi papá, porque jamás dejó de enviarme las revistas de Racing. Estar lejos del cilindro fue durísimo. La Academia paso a ser un rumor. El cuerpo y la cabeza están con la valija, el alma y el corazón siempre vivirán en Buenos Aires”

Los que cuentan las cosas más duras y dicen la verdad, casi siempre pierden, pero a veces siguen. Con los que sienten, pasa lo mismo. Pocos hombres pueden contener a Walsh y a Iván Pillud y estar orgulloso de los dos: una trayectoria de 50 años, con más de 10 redacciones en la tarjeta de puntos, 20 libros publicados, innumerables programas de radio y de TV (en medios que también  dirigió) y varios K. O evitados sobre las cuerdas no se pueden entender sin Racing, esa dimensión REX de misticismo y dolor que también actúa como señalador caprichoso cuando obliga abrir el libro en la misma página: “las buenas que ya van a venir”, ese cántico con forma de mantra que baja todos los fines de semana sobre la espalda de 11 jugadores celestes y blancos y justifica los días de los otros 50 mil espectadores.  La tarjeta personal de Ulanovsky lo presenta como “periodista e hincha de Racing” y el escudo de la institución se expone como ícono de barra de tareas al final de un televisor, una radio, un micrófono, un grabador y un libro, como si fuese un canal de comunicación solo detectable para los que comparten la misma pasión.

No hay suite presidencial para el hombre al que no le queda grande la casualidad, tal vez por eso todos los premios están escondidos y bien guardados. “El que se la cree, se jode, hay que seguir disfrutando el relato sensible, de aldea, pequeño, cotidiano, pero absolutamente vital e inolvidable” señala el tipo que pudiendo hablar solo a través de sus libros elige a los portarretratos como voceros:tal vez el “regreso” sea eso que pasa entre el cucurucho del abuelo Ulanovsky y la atenta mirada de su nieta en una heladería de Avenida Santa Fe, quizás la mejor búsqueda  este contenida en los sobres que durante años le dio a cada una de sus hijas al terminar la semana bajo el título “creo que esto te puede interesar”: allí depositaba clips de prensa, con recortes de notas de obras y libros con mensajes para el alma. Es muy probable que la única manera de vivir para uno de los tipos más queridos del medio sea “existir con”. La primera redacción es la mesa larga.

Ulanovsky es la diferencia entre un periodista y un best seller, esos que se venden para siempre: “Aún recuerdo el consejo sabio de García Lupo : ‘Nunca dejes de ver el boletín oficial, tampoco de leer la sección de avisos fúnebres de ‘La Nación’ porque ahí surge un entramado de relaciones de poder definitivo, tampoco pierdas de vista cada uno de los fallos judiciales y su jurisprudencia ni tampoco saltees la sana costumbre de consultar los edictos, ahí también nacen claves para entender la realidad’. Tal vez se haya perdido el consejo, por miedo a que lo que venga  acabe con lo establecido y te deje sin trabajo solo porque puede hacerlo más rápido. RÀPIDO NO ES BIEN. Y el colega es un par, no un rival. El periodismo está lleno de personas que se ponen demasiado rápido la camiseta de la empresa, debe existir cierta tensión entre el periodista y su patrón, es un lugar habitual.  Roberto Arlt usaba el término “cagatintas” para definir a los burócratas de la profesión. No concibo al periodismo que no quiere influir en lo cercano, que no imagina que se pueda cambiar el mundo desde ahí.  Cuando se pierde esa perspectiva, ya no se quiere dejar de torcer las cosas, se busca cambiar el PH o el auto”

Los emblemas casi siempre se quedan afuera del pabellón de lo que viene, por caóticos, por sensatos, por cándidos y porque se ganaron el derecho a renegar de eso que los contuvo y hoy va en picada. Son los que se sientan en una reposera a mirar el cielo sin password porque el resto es una montaña rusa.  No es el caso de Ulanovsky: “No creo en los que afirman que está todo perdido, hay expresiones muy nobles que saltan la medianera de lo alternativo y llegan a los grandes medios. En los últimos años se registraron más de 200 revistas nuevas que irrumpen con temas que no están en la agenda y con personajes inaccesibles incluso para las mejores redacciones”.

No solo hay que ser un gran hombre, además el mundo se tiene que enterar. Si esa sensibilidad para captar lo mejor de todos, testimoniar el llanto, testimoniar la historia, testimoniar la memoria y la rotativa es para siempre, ¿por qué el teléfono no suena?: “que yo no esté en una redacción lo veo como un acontecimiento de plena lógica, tengo 73 años y una trayectoria de más de 50. Me parece razonable que haya nuevas figuras, no lo siento como un demerito ni lo vivo con resentimiento. Cuando me homenajearon por los 50 años, lo mejor que pude decir era que soy un tipo sin deudas de ninguna clase. A partir de la muerte de Rogelio Garcia Lupo estoy escribiendo otro libro sobre las nuevas expresiones de comunicación. Todo lo que quise hacer, lo hice, así que veo lógico que no me llamen. Los socios y compañeros de toda la vida están muertos. Mis momentos ya pasaron”.

“Mis momentos ya pasaron”.

Atravesamos una época en donde las consideraciones respecto al paso del tiempo son ideológicas. Muchos de los que creían que Fayt debía seguir como Ministro de la Corte Suprema pasados los 90 años, atacaron con determinación la decisión de Elena Highton de Nolasco de permanecer al frente de la misma responsabilidad a los 74. En una región que usa dos verbos diferentes para definir algo tan indivisible como “ser y estar”, nadie quiere retirarse de ningún lado porque no pueden ser sin dejar de estar: músicos que viven de la fama de hace 10 discos, escritores  que vuelven a los lugares más premiados, futbolistas que regresan a las canchas después de los 40 años, políticos que en nombre del proyecto quieren perpetuarse en sus cargos, sindicalistas que hacen de las bases una parrilla vitalicia, cómicos que insisten en los chistes de travestis y el gallegos y comunicadores que siguen pensando que con los latiguillos de Neustadt pueden alterar la concepción de la audiencia. De repente un tipo de 73 años que está en ese andamio de notables asume que lo que quiere no es lo que le falta, sino lo que tiene, que subirse y bajarse de la historia a su antojo no lo desaparece, que no escribe para formar parte, escribe para entender. En “El libro de los seres imaginarios”, Borges hablaba de un tiempo en donde el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban incomunicados, eran diversos, no coincidían ni en los seres, ni en los colores ni en las formas pero vivían en paz. ULANOVSKY ES DE ESE TIEMPO. Entra y sale de los espejos para distinguirse por si mismo, acariciar a sus nietos, besar a sus hijas, hacer radio y alentar a Racing. Todo en tiempo presente.
Todo en la misma tarima.
Todo en el mismo reflejo.
Todo en el mismo ejemplar.

El último intuitivo

Réquiem del periodista que definió la realidad argentina de los últimos 50 años

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USTED FUE UN GENIO.

Relanzó Canal 11. Instauró Radio Colonia. Fundó Así. Fue el periodista más libre del país. Revolucionó Teledos. Creo el diario más vendido, lo hizo canal. Inventó.

Borro.

Perdió Canal 11. Perdió Radio Colonia. Perdió Así y Así es Boca. Perdió el diario Crónica. Perdió Teledos. Perdió Crónica TV. Perdió la libertad. Perdió.

Vuelvo a borrar.

Pierde tanto solo el que fue dueño de todas las palabras.

Usted fue un genio.Brilló en los 60, se consolidó en los 70, fue Kane en los 80, se reinventó en los 90 y se derrumbó en los 2000. Fue el que mejor pegó, el padre del monstruo rojo favorito de todos los argentinos, sus ideas llegaron a tener cinco ediciones por día, superó el millón de ejemplares con el casamiento de Violeta Rivas y Nestor Fabían, con la final del mundial 78 y con Perón desde una clínica en Puerta de Hierro leyendo su diario. Sacó una revista y vendió tantos números que hizo que Boca salga campeón en las gargantas antes que en la cancha. Comprendió el sadismo del peronismo como nadie, interpretó con tacto su proscripción y no cayó en sus propias contradicciones.

Usted fue el hombre que mejor decodificó la distancia entre el rezo y la estampita y uso esa desesperanza a favor de sus titulares. Su soledad ganó 6 Martin Fierro al hilo, sus trabajadores perdieron los otros 15. Siempre que ganó, humilló. Siempre que perdió, le echó la culpa al complot de los poderosos o de los inútiles; como todos los argentinos optó por tener todos sus derechos y ninguna de sus obligaciones.

No se puede ser y haber sido. Su imperio duró menos que el de Disney, pero fue más real que Mickey, o al menos fue diferente. Usted fue el dueño del parque de diversiones posible, el maquinista del abismo que interpretó el miedo a las alturas de los tipos que simpatizaban con él suelo, el gallego que supo entender que la foto y el concurso de gaseosas a veces valen más que él análisis de la coyuntura, el primer gran empresario de medios de la Argentina, el que inventó a Víctor Hugo, el aliado de los artistas en las noches más largas, el dueño del Teatro Estrellas al que le pusieron una bomba, el amigo de Sandro, el hermano de Ariel Delgado (que después dejo ir del Canal en silencio), el socio de Duhalde y el enemigo de Alfonsín. A todos, absolutamente a todos, los convirtió en teclas de su máquina de escribir Olivetti Lettera 33.

El chico que colgó la soga entre la rotativa caliente y la Casa Rosada jugó a saltarla con 24 presidentes: pocas veces se acalambró, pocas veces quiso dejar de rebotar en el piso. Perdió en último salto, como todos. Fue el gran intuitivo que el país merecía, la posteridad definirá si fue el que necesitaba. Hizo más que muchos: la faena del olfato que corre por izquierda a los santos evangelios le salió estupenda, la consigna de estar firme junto al pueblo fue un hallazgo sensacional, aunque algunos crean  que de tanto repetirse ya no tiene sentido, ni el slogan ni el pueblo.

Cien veces lo quisieron matar. Lo intentó secuestrar la izquierda y la derecha. Tal vez, su ingenio insistió en el doble sicario para sobrevolar las reinterpretaciones del peronismo y salir con pelota dominada. Tal vez fue cierto.

Usted fue un genio. El genio que odió a todos los magos, por eso denunció todos los trucos que no salieron de su redacción: publicó las artimañas del concurso de gaseosas, de los casamientos de enanos y al reality de cocina; liberó a la momia negra para la psicosis del piberío, se enfrentó con Maradona, Lopez Rega y Nestor Kirchner, dió por ganadora a Pinky en La Matanza (ante un atónito electorado) y le dijo “vos SOS mío” a un productor que no quiso darle un diario que había comprado usted. Por eso, usted también fue un anti – genio.

Mientras todos hablan de las placas rojas, usted las apiló en 9 páginas de una biografía de 300. Fue superior a cualquier después posible y más que todos sus monstruos. Ellos seguirán sin usted con esa sensación que tienen los inquilinos que viven en casa prestada para siempre. Escribí casa pero quise decir idea.
Bien por ellos.

La culpa la tuvo usted. Siempre.  A veces en forma de pálpito, a veces en forma de arma de fuego. Gozó cada una de sus primicias como alguien que espera la cura: el suicidio del empresario Alfredo Yabrán, el de Leonardo Simons y el de René Favaloro. La renuncia de Cavallo como ministro de Economía de Menem. La salida de Guillermo Coppola de la cárcel y el doping de Diego Maradona en Punta del Este. La explosión en Rio Tercero (Córdoba). La muerte de Carlos Menem (hijo). El nacimiento del tercer hijo de Marcelo Tinelli. La grave enfermedad de Sandro. El caso Carrasco, que motivó el fin del servicio militar obligatorio. El repudio a Mario Firmenich en una marcha en conmemoración de los 20 años del padre Carlos Mugica. El motín en la cárcel de Sierra Chica. El accidente de Lapa. La toma de rehenes en el Banco Nación de Ramallo. El crimen de José Luis Cabezas. La tragedia de Cromañon. Y las muertes de Néstor Carlos Kirchner, Nicolás “Pipo” Mancera y Emilio Moyano, uno de los hijos del líder de la CGT. El atentado a la AMIA y el suicidio ante las cámaras del comisario Mario Oscar “Malevo” Ferreyra y La tragedia de Once.  Saberlo antes da poder. Publicarlo, más.

Sumó más muertos que la mayoría y pensó cosas aún peores. Dictaminó ganadores y perdedores antes que la gente salga del cuarto oscuro. Hizo repetir el suicidio del Malevo Ferreyra y advirtió a todos que en instantes se pegaba el tiro. Dijo que las placas rojas falsas también constituían la reputación de las verdaderas para no confesar que con su vida también pasaba lo mismo. Cuando tuvo que escoger entre Zulma Lobato y el Turco Asis, se quedó con la travesti. Tal vez algún día cuente por qué. O tal vez ese poder también quede vacante.

Tal vez, alguna vez los que hicieron una lectura histórica de su vida desde el ventilador que no funcionaba o la pared descascarada tengan que dar explicaciones. Tal vez, habrá quienes analicen su línea de tiempo por los aportes jubilatorios que no hizo, por los proyectos que truncó, por las injusticias que infringió a la gente que lo amo y admiró en partes iguales y por los genialidades que negó sin escuchar con un “NO”. Tal vez alguna vez a alguien le importe escucharlos.

Fue menos que Natalio Botana, tal vez porque usted vivió el doble. Al director del diario Crítica la muerte lo sorprendió en una ruta de Jujuy con su amante mientras ponía y sacaba presidentes; sus biógrafos lo recuerdan desangrado mientras esperaba un médico de Buenos Aires. Tal vez, usted tomó esa misma sangre para volverse record. A él no le pasó Perón, a usted si. Los titulares fueron su verdadera línea editorial, el prestó las instalaciones de su diario el golpe a Hipólito Yrigoyen. Doble punto para usted. Tampoco dilapidó a propósito la reputación de un jefe de Estado, cual fiscal del orden y las botas, como Jacobo Timerman ni desarmó un teléfono al aire para demostrar que en los cables no estaba la Patria y así hablar a favor de las privatizaciones como lo hizo Neustad. Su mejor goleada fue tomar unos tragos con las banquinas del buen gusto pero jamás hacerle el amor al terror.

La suma de todas nuestras habilidades no estuvo a la altura de ninguna de sus órdenes. Tal vez por eso no tuvo socios. Ahora está en su sillón. Ahora le dan Premios a la trayectoria y los periodistas que jamás considero más que hormigas le hacen notas para seguir demoliendo ese edificio sin agua, luz y gas que es el kirchnerismo.  Ahora pide la quiebra de su propio canal, como un padre que quiere que su hijo se muera porque se casó. Ahora no llama desde los internos y vive en la certeza que fue mejor que casi todos nosotros. Ahora la noticia de la venta de su excanal llega en el mismo comunicado que informa una canasta navideña. Ahora nadie lo quiere matar. Ahora la culpa ya no la tiene usted. Ahora que las órdenes ya no llegan de teléfonos blancos, si quiere volver a llamar, le pediremos una idea.

Bayer está solo

 

El reflector capicúa, la suplica inútil, el disparo a quemarropa, el peón fusilado, el militar asesino, el estanciero cómplice y el luchador que intenta cruzar el alambrado. Todos clavados sobre los párpados del último anarquista. Afuera, un cartel fileteado que bautiza la casa de Arcos al 2400 como “El tugurio”. Adentro, Osvaldo Bayer, rodeado de bibliotecas que impiden ver las paredes, de revistas que contienen ambientes, de obras que rebalsan de la silla y caen sobre un par de plantas muertas, de portarretratos desgobernados de los marcos y de reconocimientos que van desde el Grupo Planeta a la cooperativa del Hotel Bauen.
Bayer rodeado, como siempre.

                “El arte no trae ganancias porque es para él alma, por eso siempre va a tener enemigos: esos que se dedican al comercio o la política (que ahora son lo mismo) y  dicen que el arte es todo lo contrario al trabajo ¿pero no dicen lo mismo de la religión, no?” Por las dudas, a ver si existe Dios”, afirma señalando una contratapa del 2015 de Página 12 que denunciaba vaciamientos y privatizaciones en el museo de Calcos y Escultura “Ernesto de La Carcova”. Esa lucha, como todas las pendientes, sigue flotando en su mesa de saldos.

                “Hay partes del cuerpo humano que no se rinden, que resisten, hasta el final. Salir a la calle y mover a los políticos, que respiren lo que hicieron.  La única manera de cambiar las cosas es empezar desde abajo para tener contactos con los de arriba”.  Descifrar a Bayer es interpelar a sus enemigos. Si todo lo que no se denuncia deja de existir y Bayer es para siempre, sus adversarios también. Es curioso como  teniendo el pecho lleno de datos con los expedientes del asesino correcto  soporta a los que atacan al moño de Polino como la amenaza absoluta y hostilidad de gelatina.

El alemán sigue escribiendo 89 años por segundo con lógica veterinaria:
Todo tiene pulgas.
Todo tiene sarna.
Todo tiene garrapatas.
Todo es quirúrgico.

Pero también todo es motivo para dejar el altillo y volver a la calle en posición karateca.

 

“A veces me siento solo, siento que no tengo poder, que acompaño muy bien pero esa compañía  puede ser positiva o negativa según el concepto que se tenga de mí, por eso a veces no voy a ver a los políticos, porque no es fácil recibirme.  Además, la actualidad es pésima. Tenemos al peor que nos podía tocar. Un conservador del año 30, va a terminar mal, es todo negativo lo que hace, se vienen tiempos muy duros. Es inexplicable el triunfo de este hombre, nunca hizo política, nunca hizo nada, creo que jugó al paddle.  El pueblo no debe agachar el lomo, a todos nos cabe esa responsabilidad, el pueblo tiene que ocupar el centro, si lo hace yo voy a estar ahí, mientras tanto todo será de los reaccionarios.  A veces siento que nunca aprendimos, les hacemos caso a los demagogos. Yo ya estoy viejo, tengo casi 90 años,  hago lo que puedo”

 

***

Tener razón es exiliarse (o morir)

 

  1. Corrientes y Montevideo. Café La Paz. Al fondo. 2 ginebras. 2 amigos.

– Tenés que irte del país
– Mirá quién habla.
– Vos escribiste la “Patagonia”
– Si, pero más peligroso es “¿Quién Mató a Rosendo?”  te metiste con las mafias sindicales. Rodolfo, no entiendo cómo vos, que viviste como yo los peores años de la Facultad de Filosofía y Letras con Perón entregando la Universidad a la extrema derecha y a la iglesia católica, te hiciste peronista.
–  No te equivoques Osvaldo. Yo no soy peronista, yo soy marxista, pero ¿dónde está el pueblo?
– El pueblo es peronista, es cierto, pero no es revolucionario.
– Eso ya lo vamos a ver.

“Yo no quise decir que Walsh tenía razón ni se equivocaba porque no sabía cómo iba a reaccionar el pueblo. Tenía razón en que había que hacer algo, tenía razón en crear otro estado de cosas. Lo hizo, lo trato de hacer y perdió la vida. Yo también tuve razón y también perdí: tuve que irme al exilio 8 años. Eso es tener razón, es terminar en Macri, en el peor de todos, en el más imbécil.  Y lo elegimos. Y lo elegimos”.  Bayer aprovecha para acomodarse para la merienda: té con leche, un par de galletitas de agua y 3 tostadas con mermelada de durazno. Las trae María Helena, la enfermera que, sin suerte, intentó echarme 5 veces para que descanse en soledad. Bayer no la deja. Bayer no quiere estar solo.

 

***

 

Para los que viven a 80 cuadras de lo que pasa, para los que intentan desinflamar la realidad con un carnet de Blockbuster  y para los que surfean la medianía de las cosas con un protocolo alquilado, es extraño toparse con un tipo como Bayer.  “Siempre fui anarquista, es la teoría más noble, el socialismo en libertad, jamás una dictadura en el proletariado, vimos que el comunismo cayó en manos del autoritarismo, una cagada”.  Pronuncia su réquiem como esos tipos que empùjan con la frente 10 conceptos que harán que en 50 años se sueñe mejor, aunque saben que no verán los resultados.  Mientras revuelve su infusión, pienso que tal vez, en la fascinación por encontrar salidas evitamos repensar a los tipos salientes, esos que nacieron antes que la velocidad sea el tiempo que tardamos de omitir los anuncios de youtube, esos que brotaron con ese instinto milenario de reponerse como un perro, esos que tienen el tacto de mirar con educación y fuego sagrado a la vez. “Tal vez, algún día, el partido sea nuestro” afirma Bayer en su libro “Rebeldía y esperanza”. Le creo.

 

“Vamos a caminar mucho más despacio pero tiene que ser todo en asamblea, parece un sueño, pero es la única manera de organizarse: el socialismo en libertad, la repartición noble, justa y de todos, para sentirse protagonista.  Participé de varias, fue conmovedor, viejitas que nunca habían hablado se advertían parte, todo eso cayó.  Lo que nunca me supe explicar es porque fracasa todo lo que se reúne.  El pueblo eligió a un empresario, los argentinos queremos ser empresarios. Al final del túnel está la propiedad privada pero en el medio también, se mete por todos lados.  La propiedad privada es mi enemiga”.

 

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Bayer tiene tos. Mucha. María Helena trae una cucharada grande de miel. Afloja por unos minutos, pero persiste.  Es una tos seca de la que sale con una chicana: “¿La tuya es Crónica, no? y ríe. Por primera vez rie.

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“El único socio posible es el pueblo, también pueden participar intelectuales, pero no deben tener temor sino acompañar los movimientos luchando por la libertad y por el sentido de referencia. Que para definir a la cárcel de Ushuaia se haga alusión a un asesino de niños (Petizo Orejudo) en lugar de un activista social como Simón Radowitzky es una determinación burguesa, que se ha quedado con toda nuestra cultura. Todo es de ellos. Todo de los milicos de derecha. Esa cárcel fue una ignominia, ellos también”.

Para Osvaldo Bayer, la lucha es el único elemento que abastece de sentido y al final de la historia, recompensa: “En la famosa huelga marítima del año 50, los barcos no se movían de los puertos. Yo era marinero timonel en el puerto de Rosario, llamé a la asamblea del buque para parar y obtuve un voto: el mío. Todos murmuraban pero se callaban la boca a la hora de decidir. El capitán me bajó en Rosario y nunca más viaje en un buque de la Patria, pero por las cosas del destino, 40 años después los obreros marítimos  me hicieron un homenaje por ser el único que se bajó. La estela queda. La estela queda, como los enemigos: Los enemigos son siempre los mismos”

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Bayer revuelve el té. Las galletitas le quedaron en el fondo de la taza. Con una cucharra, las acorrala en el borde y traga en dos tandas.  Así 10 veces.

“Los enemigos reales son siempre los mismos”. Bayer quiere las cabezas de los francotiradores de  verdad.  Los contrincantes más peligrosos no parecen habitar el jopo de De Brito, los espectros no forman parte de los bucles de Beatriz Salomón, los rivales no guarecen en los puntajes del jurado, ni donde se hornean las medialunas.  Ese no es el ejército del mal, serán una impresora sin tinta y una plancha quemando una camisa hawaiana, pero nada más. En el peor de los escenarios, su daño termina en el buen gusto y en un Leviatan con conchero.

Bayer no perdona, ni siquiera al hombre más cerca de Dios. “Francisco siempre va a ser Bergoglio, su pasado lo traiciona, es un mentiroso. En la dictadura no hizo absolutamente nada por nadie. Yo lo sé bien. Siempre se negó y ahora resulta que es bueno. Es un hombre con un gran cinismo. Mientras él era cómplice, el cuerpo lo pusieron otros, salieron a la calle curas del tercer mundo, curas villeros, humildes y el no, y ahora es Papa, por algo será. Que en lugar de regalar rosarios, venga a la Argentina. No le puedo perdonar el silencio. Yo no perdono el silencio”.

La estela queda. La estela queda, como los enemigos. Los enemigos son siempre los mismos”. Esa frase resuena en los 5 ambientes del Tugurio,  ¿y si el mal habita en la puerta falsa, en la salida propuesta por las almas nobles que nos inducen a quemar el consulado e invitan a tomar la municipalidad mientras no pueden justificar su patrimonio? Bayer resiste el simulacro de moralidad que los muestra perfectos. Bayer impugna a los relatos de los progresistas que siempre son los buenos, a los expertos en huracanes caribeños, narcotráfico tucumano y votaciones en la ONU y a los que llenan la nómina de convictos de enemigos abstractos, frivolidades concretas y fusibles a mano (como el moño de Polino)

Bayer terminó y quiere descansar; Lo hace saber golpeando su bastón contra el piso con más fuerza que antes. La puerta de su habitación está abierta,  lo esperan una manta verde, unas sábanas de rombos azules y un par de almohadas finitas.  Hace 4 años que nadie duerme del otro lado de la cama y no hay rastros de Dios. Tal vez, “El idiota” de Dostoievski y una foto de Marlene Dietrich consuelan sus partes viudas. Tal vez no.  Tal vez Bayer pueda luchar contra todo menos contra sus meriendas.

Bayer está solo.

***

01

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El moño de Polino

“Los únicos que no se mojan son los famosos y los hombres de negocios que sacan platea media para ver a Prince”, así empieza “Golden Boys” de Hernán Iglesias Illa para definir la lógica de mercado de los pibes de oro de Wall Street. El glamour de la omnipotencia, la promesa tecnócrata y ese Harvard de pupila que determina hasta la cortesía para pedir las baterías  del auto a tu ex.

Para los que viven a 80 cuadras de la historia, no se puede desinflamar la realidad con un carnet de Blockbuster trucho. No se puede surfear la medianía de las cosas, con un protocolo alquilado. Así es como empieza el delirio.

Lo mejor es tener una idea de causa que le gane a la nuca del adversario.
Un “desde donde” caritativo con tus propios olores.
Empujar 10 conceptos con la frente que van a hacer que en 20, 30 o 50 años se sueñe mejor. Se puede vivir una vida sin girar al spiedo, se puede resistir con ese instinto milenario de reponerse o esas ganas de bajar a snorkearla para salvar el partido.

Tal vez, en la fascinación por encontrar soluciones evitamos a los tipos salientes, esos
que nacieron antes que la licuadora, los que tienen el tacto de mirar con educación y fuego sagrado a la vez: Bayer sigue teniendo el pecho lleno de datos con los expedientes del asesino correcto pero la herencia sigue atacando al moño de Polino. El alemán sigue escribiendo 89 años por segundo, puede con contratapas, gargantas, paredes y mandamientos. Puede, PUEDE: Con la lógica veterinaria: todo tiene pulgas, todo tiene sarna, todo es quirúrgico, pero también todo eso (y al mismo tiempo) es motivo para dejar el altillo y volver a la calle en posición karateca.

En tiempos en donde la memoria es el tiempo que tardamos en omitir los videos de youtube, todo parece indicar que los culpables se divorciaron de las instituciones de poder y habitan en los videos ochentosos de LOS TWIST.

Los francotiradores no habitan en el jopo de De Brito, los espectros no forman parte de los bucles de Beatriz Salomòn, los enemigos no guarecen en los puntajes del jurado ni donde se hornean las medialunas.  Ese no es el ejército del mal, serán una impresora sin tinta y una plancha quemando una camisa havaiana pero nada más. En el peor de los escenarios, el daño irreversible del moño de Polino termina en el buen gusto y más allá de De Brito no hay ningún monstruo que no se pueda construir con un papel glacé metalizado.

Puta lógica sandia, puto postre que se convierte en un arma nuclear.

El mal habita en la puerta falsa,  en creer que la salida de la lentejuela es la ideología que legitima la suma de las partes sin ofrecer nada a cambio. Que llama a todas las almas nobles a quemar el consulado, que prescinde de lo que pasa e invita a tomar la municipalidad mientras no puede justificar su patrimonio, que sentencia al empresario, a internet y a la ganancia a una lista de Schindler de malas palabras que tienen el mismo peso que las chicas Olmedo.  Ese simulacro de autoridad los muestra perfectos, paseando por relatos en donde siempre son los buenos, sin la más mínima generosidad pero expertos en huracanes caribeños, narcotráfico tucumano y votaciones en la ONU; llenos de enemigos abstractos, frivolidades concretas y fusibles a mano: el moño de Polino.

El knockout de los mejores guerreros se lleva consigo la sombra del Leviatan.

Todo lo que no se denuncia deja de existir.

La palabra autorizada va a morir el mismo día que la autoridad real.

Por un Bayer para siempre.

02

Nos vemos ahí

 

 

No recuerdo cuando me dijiste con los ojos que te ibas a morir. ¿Fue cuando la bilirrubina no permitió hacer la última quimioterapia? ¿Fue en la sala de espera mientras llegaban los donantes 0 negativo para la transfusión? ¿Fue cuando decidiste tirar la peluca porque te picaban las cejas? ¿O cuando rezabamos juntos y, pesando 50 kilos, vos seguías pidiendo por la familia?

Tengo miedo de no acordarme de vos sin cancer. Tengo miedo de convertirte en un paciente inmortal esperando que al menos no duela, con el suero colgado entre la lucha y los buenos momentos en donde de esos mismos brazos salía el antídoto para todas las bestias del mundo. Tengo miedo de quedarme con el gusto de comida de hospital en la boca en donde nunca se puede mojar el pancito en el tuco porque en la salsa no hay virus, y si no hay virus la muerte pierde contra el pelotero. Tengo miedo que en la mudanza se me haya olvidado tu voz, por eso pongo solo los primeros 10 minutos del dvd de mis 18 en donde me enseñabas que en la vida hay que tener ganas de saber, no ganas de ganar y que no hay que mirar lo eterno porque siempre hay algo en el fuego. Tengo miedo que se me acaben los dardos tranquilizantes con la nona y un día tenga que mirarla a la cara para decirle que a veces con los recuerdos no alcanza, que si para ella se acabó, yo estoy de acuerdo.

Los monstruos que siempre tiene una cabeza más, que enfrentan las partes del cuerpo que dieron vida con los gajos pendientes de la enredadera, que atacan a los que todavía tienen algo para decir, no pueden vencer al milagro que se traspasa con caricias en la nuca. No tienen ninguna posibilidad, aunque ganen. Por eso te debemos la lealtad de elevarte de la camilla que todo lo come y dejarte libre, en las profundidades de la voluntad, ahí donde los diagnósticos no llegan, en donde los recuerdos que tienen colgadas guirnaldas y gorritos de cumpleaños de 4 son el verdadero último aliento.

6 años después, abuso de la palabra Dios, la utilizo con frecuencia, con demasiada frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo de la cuerda y necesito reconciliar el ovillo con lo que hay después.

Un abismo.
Un rezo.
Un mañana.

¿Era así, no?. Para que la fe no se convierta en un método, para que siga siendo un don que alguien rebota en algún lugar del rollo que no pudimos revelar, para que nos devuelva los fragmentos y para que el reflejo nos pertenezca (o al menos dibuje tus lunares).

Nunca pude escribirte y nombrarte a la vez. Lo hice desde figuras oníricas mata guerras que rozaban las mejillas de los que no te supieron y el corazón de los que sí, rebuscando la mermelada para darte una posibilidad fuera de los significados paleativos. Pero no puedo despersonificarte ahora, no puedo ni quiero empatarte con los misterios ni los contrasentidos porque nunca se trato ni se va a tratar de ellos.

A veces, la pintura de las anécdotas se descascara y el reservorio de certezas indefectiblemente cae, ¿eras soprano o mezosoprano?, ¿hasta qué año hiciste de italiano?, ¿cómo conociste a papá?, convierten a la tana en la serenidad de una mujer de pueblo de montaña lleno de Landriscinas. Y vos no eras eso. Tenias hormigas antikarmas en el culo, sufrías por lo que no podías cambiar y hacías un conteo tan profundo de la vida que siempre te hizo elegir lo simple.

¿Qué puedo decir de la muerte?
La muerte es injusta. La vida también.

Tal vez, los recuerdos se destiñen a propósito para enseñarnos a volver a buscar los deseos en las velas que se soplan y no las que se lloran.

Nos vemos ahí.

01

Bloody Mary

 

Pocos se animan a interpretar a Drácula, eligen los fantasmas más cómodos.
Es más fácil luchar contra los espectros que se dejan vencer por el héroe en la primera escena. Pocos se enfrentan a las cosas que pueden quedarse con su sangre: les rezan, les temen, les ladran, las contienen con prepagas, con gasas, mirando para otro lado, apretando el puño, pensando en la sonrisa de la bioquímica, cambiando de canal.

De manera extraña, cuando no se trata de uno mismo, todos nos quedamos mirando la sangre en la pared, en la alcantarilla, en el piso del baño, o en las vías. Contemplamos como la sierra de la carnicería atraviesa la carne, el lomo, la vaca.

La ilusión de la sangre…una mancha de pintura roja en un cuadro blanco, la gente googlea festivales japoneses en donde los Samuráis rebanan orejas a la velocidad del segundo, otros se jactan de ver películas de “Cine B” por el jugo de tomate.

Se masturban hablando de Tarantino y los hermanos Cohen.

Todo eso es mentira. Hay muy pocas cosas que verbalizan el límite entre lo que es de todos y lo que es uno. La sangre es el final de la historia, pero el principio de la imaginación.

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La sangre de Cristo
El cuerpo de Cristo.
La sangre de Cristo.
El cuerpo de Cristo.

No hay milagro sin sangre, no hay Cristo sin sangre, no hay elegido sin sangre.

Tal vez, sea la sangre la que elije quién tiene la primicia. Tal vez sea la sangre la que elije a un sujeto para avisarle primero que al resto y advertirle en qué lugar va a brotar.
Es esa misma sangre coagulada, que alguna vez advirtió Drácula, la que hoy se convierte en placa.

El pueblo confía en las placas porque son las que están en los análisis más duros.

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Pura Vida. Bloody Mary